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Román Álvarez, un funcionario que marca la diferencia en el benemérito Club de Leones

En el sistema estatal lleva trabajando más de una década impulsando la promoción de los derechos de propiedad, administración de tierras y ordenamiento territorial en Honduras.


También conoce del mundo empresarial, debido a que años atrás estuvo al frente de un negocio familiar en el rubro de la venta de camas y muebles.


Tegucigalpa. Los juegos tradicionales de barrio, las jornadas de béisbol, y la lectura de novelas de aventura marcaron su niñez, y en su juventud los años de estudios universitarios en Corea del Sur.


Cada una de estas experiencias vividas, sumándole los valores inculcados en casa, forjaron al destacado funcionario público, Román Álvarez Mejía, que además es un empresario con vocación de servicio, generoso y comprometido con la transparencia y los más vulnerables.


Es también el presidente del Club de Leones Tegucigalpa decano 2022-2023, el movimiento que en fecha reciente fue declarado por el Congreso Nacional como una Institución Benemérita en el Servicio Humanitario.


Y es miembro de la junta directiva de la Asociación Hondureña de Lucha contra el Cáncer e integrante de la junta de vigilancia del Centro de Cáncer Enma Romero de Callejas.


Capitalino y uno de los herederos del hogar conformado por el licenciado en economía, Rodolfo Álvarez Baca y la profesora, Jovita Mejía Ríos de Álvarez, sus padres que ya gozan de la presencia de Dios.


“Pilluelos”

La colonia Maradiaga y el barrio La Granja, jurisdicción del Distrito Central, fue el lugar donde Román pasó los momentos más inolvidables de su infancia.


“En esos tiempos uno pasaba más en la calle que en la casa, inventado juegos de calle como: landa, chimiri cuarta, y las potras”.


Además en 1978 su padre junto a otros dirigentes deportivos fundó la organización de béisbol “Pilluelos”, “en este equipo jugué toda mi niñez y parte de mi adolescencia hasta mi graduación del colegio”.


“Recuerdo de manera jocosa que mi papá me iba a ver jugar béisbol, y me gritaba desde la gradería ¡Román, si pegas un jonrón te voy a llevar a ver comer conos!, y obvio eso siempre causaba mucha risa”.


Los momentos de juego que además compartía con sus tres hermanos varones Rodolfo, Roger y Roberto (QDDG).



Novelas de aventura y estudios en el extranjero

Los estudios primarios y secundarios los cursó en las aulas de la Elvel School y pese a que no era un estudiante de excelencia académica siempre le gustó la lectura, en especial leía novelas de aventura del escritor estadounidense, de ascendencia franco-irlandesa, Louis L'amour.


Era tanta su atracción por los textos del novelista L'amour que en la actualidad el libro que más recuerda es precisamente The Walking Drum, una novela histórica ambientada en la Edad Media: la Europa del siglo XII y Oriente Medio.


Su vida académica, luego de culminar el nivel medio, continuó en Corea del Sur donde fue matriculado en la University of Maryland, University College (hoy Global College), de donde egresó con el título de Licenciado en Administración de Empresas.


Esta oportunidad de estudio en el extranjero surgió luego de que su padre fuese nombrado como el primer Embajador residente ante la República de Corea (Corea del Sur).


“Primero mi papá viajó junto a dos de mis hermanos mayores, luego nos sumamos mi madre y yo”.


En ese tiempo fuera del país “para mi digamos que Honduras se me arraigó profundamente en el corazón. Además, se aprende mucho de estar en un país desarrollado como Corea, la cultura asiática es muy buena, muy respetuosa, son muy trabajadores”.


Fueron cuatro años en los que permaneció lejos de su tierra natal, en un momento donde las comunicaciones aún no alcanzaban el desarrollo actual “así que durante ese tiempo pude hablar muy poco con familia y los amigos”.


Al retornar y con su formación académica en el área de la administración de empresas laboró varios años en exitoso negocio familiar dedicado a la comercialización de camas, muebles y asesorías.


De igual manera, tiene una maestría en Administración de Empresas con Orientación en Finanzas la cual alcanzó a través de la Universidad Católica de Honduras.

Movimiento internacional



Hace 4 años fue conquistado por una de las sociedades humanitarias más activas del mundo: el benemérito Club de Leones Tegucigalpa decano.


El movimiento leonístico tiene más de un siglo de historia y está presente en 206 países. En el país, el primer Club de Leones que se constituyó es el que en la actualidad lidera Román, con un legado de 80 años.


Es por esta razón, que su cargo en la organización lo considera como uno de los retos más importantes de su vida, y a través de un plan de trabajo integral busca el fortalecimiento de los lazos de hermandad y trabajo en equipo, impulsar nuevos liderazgos, y generar una base de donantes.


El profesional hondureño además se siente orgulloso y agradecido porque en fecha reciente a través de las gestiones del Gobernador del Distrito de Itsmania y el apoyo de los honorables diputados por Ocotepeque se logró la declaratoria del Club de Leones de Honduras como organización Benemérita.


“También se decretó el 18 de abril como el Día del Leonismo en Honduras”, explicó.


Los Clubes de Leones, con el lema “nosotros servimos”, impulsan cinco causas globales de servicio en beneficio de los más necesitados: lucha contra la diabetes, el cáncer infantil, la ceguera, el hambre y la protección del medio ambiente.


En 1917 en Chicago, Illinois, Estados Unidos surgió el Club de Leones Internacional por iniciativa del empresario Melvin Jones quien invitó a diversos grupos a integrar una organización que promoviera el bienestar colectivo.


Servicio estatal


Román ha forjado una trayectoria intachable como servidor público, desempeñándose con gran acierto en el Programa de Administración de Tierras de Honduras-PATH.


Sus inicios en el servicio público se dieron durante un periodo de transición gubernamental, luego de recibir una invitación de un amigo para integrarse a un equipo de trabajo en la Secretaría de Gobernación y Justicia-SGJ, allá por el año 2002.


Además fue convocado para asumir funciones en un proyecto financiado por el Banco Mundial denominado “Proyecto de Administración de Áreas Rurales-PARA”. Este programa dependía de la Secretaría de Agricultura y Ganadería-SAG, pero uno de sus componentes era impulsado por la SGJ.


En ese momento el gobierno se aprestaba a impulsar reformas legales en los procesos de administración de tierras y los derechos de propiedad y meses más tarde luego de conocer su buen desempeño fue nombrado como Director Ejecutivo de Catastro.


Nuevos cargos


Un año después decidió aplicar a un puesto en el PAAR y logró el cargo de Oficial de Monitoreo y Evaluación, lo que le permitió participar de manera activa en los procesos de evaluación de resultados e impactos, así como en los informes de cierre.


También participó en la preparación de dos nuevos proyectos financiados por el Banco Mundial conocidos como “Proyecto de Bosques y Productividad Rural-PDABR” adscrito a la SAG y el “Programa de Administración de Tierras de Honduras- PATH I” adscrito a la SGJ, y de manera posterior al Instituto de la Propiedad.


Ambos proyectos fueron aprobados, y Román fungió como Coordinador Nacional del PATH I, el cual se ejecutó entre 2004 y 2009 con gran éxito, por lo que un año antes de que culminara promovió la preparación de una segunda fase, y también fue aprobada.


La segunda etapa del Programa de Administración de Tierras de Honduras fue puesta en marcha entre 2010 y 2017, tiempo durante el cual gracias a su visión y entrega se consolidó como la iniciativa más importante del país en materia de fortalecimiento de los derechos de propiedad, administración de tierras y ordenamiento territorial.


Deuda saldada con los Misquitos


“Es importante destacar que en coordinación con equipos interinstitucionales legales y técnicos se impulsó el complejo proceso de reconocimiento de los derechos colectivos de propiedad del pueblo Misquito”, explicó el funcionario estatal.


“Este fue un proceso sumamente complejo, que tomó casi 10 años en completarse, debido a la importancia estratégica de la zona de la Mosquitia para el país”, expresó.


Y es que la reivindicación de los derechos de propiedad del pueblo misquito era una deuda histórica del Estado de Honduras, al ser este el único pueblo indígena del país al cual no se le habían reconocido sus derechos ancestrales sobre la Tierra, ni se les había otorgado ningún título de propiedad.


Hasta esa fecha los títulos de propiedad que el Estado había otorgado a otros pueblos indígenas eran títulos comunitarios que abarcaban únicamente las comunidades donde estos están asentados.


Con el PATH II se benefició a cuatro concejos territoriales; Katainasta, Auya Yari, Finzmos y Bamiasta. Es así que en 2012 Katainasta recibió el título de propiedad, luego de haber permanecido 500 años como el único pueblo que no gozaba de este reconocimiento.


Los títulos entregados comprenden un espacio de 599,447 hectáreas, abarcando 78 comunidades y se benefició de forma directa a 26,740 habitantes.


Para estos logros fue necesaria la aplicación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo-OIT, esfuerzo que culminó con la titulación colectiva del 12% del Territorio hondureño a favor de los pueblos indígenas de la Mosquitia hondureña.


Nuevos retos y beneficios



Su último cargo en la administración pública se ha extendido durante los últimos cinco años como Coordinador General de la Unidad Administradora de Proyectos del Instituto de la Propiedad.


La Unidad Administradora de Proyectos-UAP, nace como parte del proceso de institucionalización del PATH II en el Instituto de la Propiedad.


“Lo que se buscó fue aprovechar la experiencia adquirida por el equipo altamente comprometido y capaz para implementar un modelo de asistencia técnica interinstitucional en materia de propiedad”, explicó.


A través de esta Unidad se apoyó a instituciones para que cumplieran con los organismos financieros de cooperación multilateral para acceder a créditos en más de 100 millones de dólares.


También se abordaron temáticas como el saneamiento de derechos de propiedad, catastro, registro, titulación a pequeños productores, pago de servidumbres, y el abordaje de grupos indígenas.


Amor por la tierra donde nació



Honduras es mi patria, mi casa, mi gente buena, amable y trabajadora, donde hay oportunidades para el que las busca de manera honesta y honrada.


Es además el país donde aún quedan metas por cumplir en todos los ámbitos, “principalmente en lo espiritual y en mis posibilidades apoyar a los más necesitados”.


Es el territorio donde desea trabajar de manera incansable, “si Dios me da la fuerza, espero nunca jubilarme hasta el día que él decida llevarme a su presencia”.


Por su amplia trayectoria en el servicio público, su vocación de servicio y nobleza Honduras Trascendental destaca hoy al licenciado Román Álvarez Mejía.



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