Del sacrificio a la cátedra: La partitura de vida del profesor Oscar Omar Zelaya
- hondurastrascenden8
- hace 4 días
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De niño vendedor en las esquinas de Talanga a subdirector y referente cultural, la vida de este docente es un testimonio de resiliencia. Tras 37 años de servicio, Zelaya demuestra que la verdadera riqueza no está en los bolsillos, sino en la honestidad, el servicio a Dios y la capacidad de transformar el dolor en melodías para su tierra.

Talanga. En el rostro de cada niño que ofrece un dulce en una esquina de Talanga, hay un espejo para el profesor, fotógrafo y músico Oscar Omar Zelaya, pero ese espejo no devuelve una imagen de lástima, sino de orgullo y memoria.
Detrás de su actual investidura como subdirector del Centro de Educación Media Gubernamental Ibrahím Gamero Idiáquez, de La Ermita, Talanga, y 37 años de servicio docente, late el corazón de aquel pequeño que nunca tuvo recreo porque unos cinco minutos antes de que sonara la campana en la Escuela República del Ecuador debía alistarse para vender lo que su madre le había dejado para este fin.
Es por ello, que la historia de este versátil profesional no se cuenta con fechas, sino con esfuerzos. Desde los diez años, mientras otros niños jugaban, él aprendía el valor de la honestidad vendiendo donas, alborotos y pirulines para ganar dinero para la subsistencia del hogar.
"Aprender haciendo" no fue un lema pedagógico para él, fue una estrategia de supervivencia. Esa dureza del pasado es la que hoy le permite abrazar la vida con una sensibilidad especial, esa que solo el arte puede otorgar.
Para lograr formarse, en las vacaciones escolares también trabajaba en algunos momentos en la tabacalera o en el aserradero Samsone “toda la vida he trabajado, no fue fácil, pero el mejor legado que me dejaron mis padres es el trabajo, ser una persona honesta y no me da pena vender en una esquina hot dog”.
Hijos, tesoros de la vida
La vida, en su sabio contraste, le ha regalado a Oscar Omar un nuevo florecer. La pequeña Ángeles Bet Suheyla Zelaya Hernández representa la esperanza junto a su esposa, María de los Ángeles, con quien en la actualidad ha construido un nuevo capítulo de vida familiar abrazando desde siempre a sus hijos mayores.
Antes de ellas, estuvo en un matrimonio que le heredó hijos Johann, Johannys y Soad con quienes comparte parte de sus sentimientos por lo social, además de apoyarles en sus estudios “nunca he dejado mi responsabilidad con mis hijos, esa relación nunca se terminó, porque son sangre de mi sangre, hueso de mis huesos”.
“Con mi hija mayor Gabriela Hernández, nos comunicamos a la distancia, ella reside en España desde que tenía unos cinco años, es la primera hija que nació, aunque no hemos tenido una relación tan cercana si hemos tenido momentos de risas y compartimos la pasión por el arte, ella tiene una licenciatura en arte”, confió.
Perdidas que siempre duelen
Su historia no se explica sin el eco de los valores que resonaron en las paredes de su infancia, bajo la dirección de sus padres Hilda Yolanda Carias y Julio Zelaya, de ellos aprendió que la vida se construye con dos pilares innegociables: la honestidad y el servicio a Dios.
Su padre, un militar de Oropolí impregnado de la disciplina heredada de su madre nicaragüense, María del Pilar, sembró en él el respeto al orden; mientras que su madre, una trabajadora incansable, fue el motor que le enseñó el valor sagrado del esfuerzo diario.
De estos dos seres maravillosos heredó una familia de seis —unida por los lazos de hermandad con Pedro, Rossibel y el pequeño Carlos, sus hermanos— con el tiempo se transformó en un testimonio de resiliencia.
Y es que la pérdida física de su hermana Rossibel y Carlos marcó un antes y un después, un "dolor profundo" que, lejos de quebrar los cimientos familiares, los ensanchó.
De las cenizas de ese luto brotó una nueva forma de paternidad: sus sobrinos, Noel y Lilian, se integraron a su vida no como parientes lejanos, sino con la fuerza y el amor de sus propios hijos.
Llamado al servicio de Dios
Según contó, en su infancia se le ofreció formación para llegar a ser pastor de una iglesia evangélica, a través de doña Bety Rosentrater, una voluntaria del Cuerpo de Paz, quien fue la que le enseñó a tocar el piano. “Ella asistía a la Iglesia Santidad y me ofreció una beca para ir a estudiar a la Escuela El Sembrador de Catacamas, Olancho, que de ahí egresaban los pastores de la misma iglesia”.
Sin embargo, en ese entonces se congregaba en la Iglesia de Dios de La Profecía y el pastor Donaldo Acosta, también le ofreció estudiar en el Instituto Bíblico, en Tegucigalpa, por lo que creo que siempre he tenido el llamado del Señor Jesucristo, pero se decidió por la formación como maestro y como docente “pastoreo ovejas que son mis alumnos”, explicó.
Melodías dedicadas a su tierra
Pocos saben que cuando las voces infantiles se elevan cada primero de septiembre en los actos cívicos escolares de Talanga y alrededores, entonando los versos de la melodía Canto a Mi Tierra están cantándole al alma del talentoso profesor Oscar Omar.
Y es que su música es además el regalo de un hombre que decidió transformar la escasez en melodía, esas que va dejando como huella personal en diversos ambientes, pues también le ha dedicado sus obras a instituciones como la canción que compuso para "Nuestros Pequeños Hermanos". Allí dejó un himno y una huella imborrable en el corazón de los niños y jóvenes que reciben apoyo en la institución.
“Todo lo que está relacionado con el arte nos llena vacíos, a encontrar respuesta en el contraste de la vida: Yo he podido encontrar que todas las personas que practican arte tienen actitudes más aceptables en la sociedad”, manifestó.
También le apasionada las artes plásticas como la pintura.
El legado del escultismo
Hoy, a las puertas de una jubilación merecida tras años de docencia, Oscar Omar no piensa en el descanso, sino en el servicio, y en la actualidad cada sábado, de dos a cuatro de la tarde, se dedica a la labor del grupo Scout número 37. Para este fin sostienen reuniones en la Escuela Doctor Roberto Suazo Córdoba, de Talanga. Allí, con 75 miembros bajo su guía, sigue enseñando que el arte es la salida cuando el mundo se siente como un círculo cerrado.
Además como parte del legado con el grupo Scout emprendió con la publicación del primer Periódico Talangueño llamado EL EMISARIO DEL PUEBLO. "Fueron dos ediciones impresos los que se lograron con la ayuda de algunos colaboradores como: Nusly Carias, Loida Belize Silva, y Saira Girón. La impresión se realizó en la imprenta de PUBLYNSA, donde se imprime diario El Heraldo".
Al final, aquel niño que no tuvo recreo por salir a vender, logró construir un recreo eterno para su alma a través del servicio y el arte. Oscar no solo ha educado generaciones; le devolvió a su comunidad la dignidad de las raíces y la certeza de que, con fe y esfuerzo, cualquier esquina puede ser el escenario de un gran destino.




















































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