Extraordinario equipo médico y de enfermeras cuida, atiende y sana a pacientes con patologías complejas en la sala de Medicina C, de mujeres del Hospital Escuela
- hondurastrascenden8
- 2 jun
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En el quinto piso del centro asistencial público médicos y enfermeras realizan una labor invaluable, todos en sinergia permanente velan por asistir de la manera más humana a casa paciente.
Tegucigalpa. En la sala de Medicina C, de mujeres del Hospital Escuela, un valioso equipo humano con sus conocimientos y acciones a diario arrebata milagros de Dios a favor del prójimo.
Y es que, en sinergia médicos y enfermeras se entregan más allá de sus responsabilidades como profesionales de la salud, ejerciendo un apostolado a favor de las pacientes, la mayoría con patologías complejas.
Desde el amanecer al anochecer llegan para asistirles con fármacos y conocimientos, pero también en silencio les acompañan en sus dolencias. A ellos les toca secarse las lágrimas y rogar a Dios por la sanación de sus enfermos fuera de las salas.
Norma Almendares, enfermera auxiliar, tiene 16 años de labor en la sala y confió que como profesional no puede mostrar su debilidad emocional frente al paciente o familiar, pero esto no quiere decir que por dentro no estén sintiendo lo que está enfrentando una de las enfermas.
“Nosotros llegamos a diario a servir, con el propósito de encontrarles la cura, de atenderles enmedio de las debilidades, pero con gran amor y responsabilidad”, dijo Almendares.
Lo cierto es que la función vital para gestionar las necesidades complejas de los pacientes está en sus manos. Unas vestidas de blanco y otros con uniformes más oscuros cada día cargan con decenas de obstáculos, pero siempre sosteniendo vidas con la mejor actitud.
Se vuelven defensores de los pacientes, educadores, cuidadores compasivos, sin importar su grado académico, pero asistiendo con empatía en turnos de 8 y 16 horas para garantizar atención las 24 horas.
Ana Moncada, tiene 13 años de laborar en este centro asistencial, ella se formó como enfermera de combate en las Fuerzas Armadas, y confió que a diario en su entrada y salida del turno pone en manos de la Virgen de Guadalupe su labor y sus pacientes.
“Aquí les recibimos graves, en camilla y soñamos con verles irse caminando y sanas. A la Virgen de Guadalupe yo a diario le pido sabiduría y paciencia”, dijo Moncada.
Una labor que no hay monto económico que pueda pagar, ya que lo que se palpa en esta sala es amor, solidaridad, entrega, sacrificio, y responsabilidad.
Para cada uno de los que permanecen en esta sala, incluido el equipo de aseo, nuestras muestras de agradecimiento. Dios les bendiga.























El amor a Dios y al prójimo son los determinantes en esta sala!’
Dios los bendiga de forma sobrenatural