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Ingeniera agrónoma zootecnista se reinventa y triunfa con líneas de bordados personalizados

María Fernanda Ayala Medina, soñó siempre con dedicarse a su profesión, pero se reinventó a través de su talento manual, el cual le ha permitido destacar con sus diseños a base de hilo y aguja.


Tegucigalpa. De las máquinas de coser, María Fernanda Ayala Medina, desconocía hasta como pasar el hilo por el ojo de la aguja, pues su formación académica y legado familiar siempre estuvo relacionado con el campo y los animales.


Para ella, hasta antes de emprender, el triunfar estaba ligado al trabajo bajo extenuantes horas soleadas, ataviada con botas de hule y overol, y lidiando con las vacas, nuevas crías y la optimización del ganado vacuno.


Y es que desde su niñez ha estado presente el mundo de los hatos ganaderos, por herencia del trabajo familiar, y de manera académica al obtener el título de ingeniero agrónomo zootecnista.

Razón por la cual, María Fernanda, vivía encantada de permanecer rodeada de terneros y reses, y se imaginaba dejando entre los corrales hasta sus últimas fuerzas.


De África para Estados Unidos


¿Pero cómo es que María Fernanda se aleja del mundo productivo animal y se establece en la decoración de piezas textiles?.

Para dar respuesta a esta interrogante, la emprendedora se remontó a sus años como académica de la prestigiosa Escuela Agrícola Panamericana Zamorano, donde destacó por su alto desempeño.

Seis años laboró en la insigne institución, y luego tras casarse con Aaron Kaleb Erazo fueron contratados para dirigir un proyecto en el este de África, en la República de Kenia, lugar del mundo donde el 80% de la población trabaja en el sector agrícola.

-Un inglés, que le gustaba ayudar a países en desarrollo, nos planteó este proyecto increíble. Era de pequeñas granjas, de 25 vacas, para ayudar a familias necesitadas-.

Al permanecer lejana a su tierra natal, además de su experiencia profesional ganó lecciones de vida, ya que pudo palpar la miseria en la que vivían los beneficiarios haciéndole reflexionar y agradecer a Dios por todo lo que ha recibido.

Trascurrido un año, el programa de entrenamiento con las familias asistidas cerró, y gracias a una beca de estudios de su esposo viajan a Estados Unidos.

Unos meses después la familia comenzó a crecer, primero llegó su primogénita, María Teresa, con un pronóstico de vida difícil al nacer con seis meses de gestación, y dos libras de peso.

Por la condición en que su pequeña vino al mundo, es un milagro que tenga un desarrollo normal, y luego nació el segundo retoño, Aaron Kaleb, dos hermosas razones para luchar con mayor empeño.


-Me convertí en mamá, y ahí fue donde mi vida cambió -dejé las vacas por una máquina de bordar-.

Así en son de broma, la hondureña reveló como entre una y otra puntada, con hilos a veces empapados en lágrimas o con brillos de felicidad, se ha consolidado The Craftroom, la iniciativa empresarial que constituyó, y con la cual triunfa fuera del mundo de la ganadería.

Su primera máquina sin saber de costura


Con dos hijos que sostener y por su rol de madre se negó a incorporarse nuevamente a labores del campo, pero no quería depender de lo que generara su esposo-quería aportar a la familia, pero sin salir de casa-.

Entre aquellas ganas de obtener su propio dinero, pero sin abandonar a sus retoños llegaba a frustrarse, por lo que su esposo para ayudarla decide regalarle una cámara y un curso de fotografía para que emprendiera como fotógrafa.

-Pero nunca tuve como ese clic o esa pasión, sentía que me faltaba algo-.


En esa búsqueda se encontró con una amiga que se dedicaba al bordado, pero con una orientación diferente, quien la motivó.

-A mí me gustaban las cosas personalizadas. Cuando nacieron mis hijos quería poner su nombre en todo-, esto en verdad le apasionaba, pero se negaba a aceptar que podía aprender a bordar.

Se cuestionaba si tendría aceptación, si sería buena bordando, pues nunca había cosido, ni había tenido contacto con una máquina de costura.

-Pero por cada traba que me ponía, ahí estaba mi esposo que me decía eso no va a pasar, esto va a funcionar, tenés esa habilidad, combinas las cosas lindas y todo te queda bonito, lo haces con amor y al final se nota, entonces todo eso gustará, ya vas a ver-.

Aún con todos sus miedos empezó a investigar, fueron días y horas enteras viendo tutoriales de cómo funcionaban estos negocios, de las máquinas, de los hilos, de estabilizadores, de productos, y proveedores.

Y de repente su principal motivador la sorprendió - mi esposo me dijo ya compré la máquina-.

Ese regalo representaba los ahorros de su compañero de vida, al hacer trabajos extras, pues él se encontraba estudiando la maestría de Nutrición Animal con una beca, razón por la cual sus ingresos eran bajos.

Es hora de volver a Honduras y conquistar un sueño



De ser madre no habían pasado ni dos años cuando llega el momento de volver a su amada patria - mi sueño era regresar a Honduras, no quería quedarme en los Estados Unidos, quería que mis hijos crecieran cerca de sus abuelos, así que rezaba para regresar-.

Su retorno al país fortalecía, además el plan de emprender, pero surgía otra preocupación, no había con que comenzar- nos venimos con cero dinero en el bolsillo, pero si con muchas ganas de luchar-.

Sin embargo, entre sus maletas, llegaba algo esencial para su vida empresarial, era la máquina de costura que le regaló su esposo, aún en su caja original, pues no había sido puesta en uso, como aguardando el momento en que se fundiría en una perdurable amistad con las manos de María Fernanda.

-Cuando ya estábamos instalados me llamó la esposa de un gran amigo de mi esposo, que estaba por tener a su bebé, para preguntarme donde personalizaba las cosas de mis hijos-.

Aquella consulta, -para mí fue la señal de Dios-, y sin titubear le expresó que estaba a punto de abrir su negocio de bordados personalizados.

Luego de haber dado aquella respuesta buscó patrones, tomó ideas, consultó sobre proveedores de telas en Honduras, y hasta quitó dinero prestado, cinco mil lempiras, para comprar su primer retazo de tela, y encajes.

También buscó a su aliada perfecta, su tía Paty, quien con amplia experiencia en el mundo de la costura no dudo en apoyarle.

-Empezamos a prueba y error, a trabajar en el ajuar que le iba a ofrecer a mi amiga, y que ella ya había aceptado comprar-.

Entregar aquel primer pedido, y muchos más que han surgido en el camino, ha requerido de noches enteras de pruebas y más pruebas, hasta que queden lo más perfecto posible.

De la mano de su primera entrega también se abrió camino en las redes sociales con su página en Instagram, donde empezó a publicar fotos acompañadas de una descripción especial, -que eran tesoros que se hacían con amor, que eran para transmitir historias y sueños-.

Grandes enseñanzas


En el camino al éxito también han estado presentes las lágrimas que surgen al dañar una pieza de tela costosa.

Al principio sucedía con mayor regularidad y -lloraba a mares cuando perdía producto, mi mamá Rosamaría me acompañaba hasta la madrugada y al verme desesperada lloraba, y mi papá José Hernán se afligía, y se sentía tan mal de verme sufrir-.

En cambio su esposo le consolaba, él no lloraba, era quien le decía, -no importa, vas a hacerlo mejor, no importa sigamos, se soluciona-.

Y es que el equipo de The Craftroom –es toda mi familia, mi motor, son los que me empujan, los que me sostienen, mis ganas por las que sigo adelante-.

Aún hoy, después de tres años de tener el negocio, seguimos con las largas horas de trabajo, -todavía tengo errores y tengo pérdidas y me duele como el primer día, pero así voy aprendiendo, tratando de no derrotarme-.

Ventas internacionales


No lleva registros de cuantos productos ha puesto en las manos de sus compradores, pero -tengo clientes además de Honduras en Canadá, Estados Unidos, Guatemala, El Salvador, Costa Rica e Italia-.

También ha alcanzado gran experiencia en la atención al cliente, pues de manera personal se encarga de conocer que es lo que desea cada persona que le solicita un producto.

De uno, en uno, se fue enlistando una gran clientela, -el 90 por ciento son mamás-, quienes le han apoyado para crecer y con sus utilidades ha podido ampliar su taller.

Con la máquina casera que le regaló su esposo trabajó un año sin parar, y cuando su carta de clientes creció a más del doble o el triple, y ya no se daba abasto, ahorró para comprar otra.

Nuevos retos con la pandemia de la COVID-19



Desde la primera venta no ha parado,- no he tenido vacaciones, no hemos parado ni un solo día y hemos ido creciendo, aumentando productos, al principio yo compraba media yarda de tela, y ahora compro los rollos-.

La línea en que se ha especializado son los bordados de acuerdo con el gusto del cliente- son piezas personalizadas, en especial de bebés, pero también con trajecitos clásicos para niños y niñas.

Además de la línea de hogar, que es la que incluye toallas de cocina, toallas y alfombras de baño, batas y servilletas.

Otras opciones son los productos para hombres y mujeres, entre neceseres, pañuelos, delantales, camisetas y todo lo que se pueda personalizar.

De la mano de cada innovación va creciendo el taller, con el cual se tuvo que reinventar durante los meses de la pandemia por la COVID-19.


En un primer momento por las restricciones propias del problema de salud mundial, y luego para lograr comprar los materiales y hacer llegar sus pedidos a sus clientes que volvieron a encariñarse por los productos personalizados.

Pese a los obstáculos que enfrentó, y en un momento temió fracasar, no paró de trabajar, con más empeño y dedicación, haciendo transacciones y entregas mediante gestiones digitales, al grado de superar las ventas en línea.


-Fue mi subidón y logré comprarme una máquina industrial de 15 agujas-, con la cual ahora logra cumplir con la permanente demanda.

Las vueltas que da la vida


Como si fuese cosa del destino, así considera María Fernanda que surgió su emprendimiento, y es que su mamá, cuando ella era una pequeña, montó una tienda de ajuares para bebé en San Pedro Sula, llamada Fantasía.

-Ahora yo vuelvo a este negocio, increíble, 30 años después-.

Otra vivencia que guarda en su memoria es cuando atendió a una clienta que le solicitó un juego para cuna, y hablaron de todos los detalles y hasta que el bebé sería un varón, sin imaginar que ya se conocían, pero con su otra faceta de ganadera.

Pasaron los días, y al momento en que le harían el pago por el pedido, los clientes se dan cuenta que era la misma persona que cuatro años atrás les había vendido un toro.

Es así, que la señora -me llama para preguntarme si era la ingeniera que trabajaba en Zamorano, una que andaba sucia, con botas de hule, y montando toros en un camión, porque era casi imposible que ahora hiciera cosas tan delicadas y lindas-.

– Si le respondí, soy la misma persona, Ja, ja, ja, ja, ja y ella incrédula también comenzó a reírse a carcajadas-.

Su abuela “Mate” y su abuelo “Quiquín”


En la segunda ciudad más grande de Honduras, San Pedro Sula, fue donde María Fernanda comenzó su historia de vida, y donde compartió junto con su única hermana, María José, largas horas de juego y aprendizaje.

-Mi niñez fue lo máximo, no tengo palabras, siempre la familia ha sido lo primero. Crecí en una familia súper unida-.

En el núcleo familiar del que habla con tanto amor estuvieron presentes sus amados abuelos maternos, María Teresa “Mate” y Enrique a quien llamaba Quiquín.

-Hoy tengo una hija que lleva el nombre de mi abuelita, ella se nos adelantó bastante temprano, y mi abuelo al enviudar dedicó su vida entera a nosotros. Así que crecimos bastante cercanos-.

Desde muy pequeña se involucró en los negocios familiares, en las vacaciones siempre tenían obligaciones en los emprendimientos de sus papás.

-Mi hermana y yo siempre llegábamos a las oficinas para hacer inventarios, para ordenar los archivos, también nos llevaban a las ferias ganaderas-.

De estas experiencias asegura que ha sacado lo mejor y de igual manera va compartiendo esa herencia por el trabajo con sus hijos, - ellos desde chiquititos me ayudan en lo que pueden y van viendo que las cosas cuestas y que hay que hacerlo con amor y gratitud-.

“Color Esperanza”

La melodía que le hace vencer cualquier miedo a María Fernanda es Color Esperanza del cantautor argentino Diego Torres, según contó su mamá.


La canción que le quitó los nervios en sus exámenes finales, pues era lo único que le hacía temblar el estómago,-porque no le tenía miedo a nada-.

Para su papá, la joven con ojos color miel, es noble, solidaria, tenaz, sincera, y leal con sus familiares y amigos.- además tiene una profunda fe en Dios y siempre espera la hora divina para la solución de sus grandes pruebas-.

Es la misma persona que desde hace seis años acompaña al también ingeniero Aaron Erazo en su historia matrimonial y que describe como -la compañera ideal, una súper mamá, detallista, dedicada y perseverante para lograr sus sueños-.


Habrán tantas cosas más por contar de María Fernanda, pero a través de esta fracción de su vida Honduras Trascendental espera inspirar a otros a reinventarse y triunfar frente a la vida.


Consejos


-Mi consejo para los emprendedores es intentarlo y aunque sea con miedo hacerlo con ganas y con fe.


-Dejar en cada cosa nuestra esencia, reinventemos, hay demasiadas oportunidades y las competencias sanas son importantes.




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