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María Elena Bottazzi: científica hondureña comprometida con revolucionar la ciencia mundial

Actualizado: 24 jun

Este año, fue nominada al premio Nobel de la Paz, convirtiéndose en la tercera profesional hondureña que ha sido propuesta como candidata para recibir este importante galardón internacional.


La compatriota lucha a diario desde el laboratorio del Centro para el Desarrollo de Vacunas del Hospital Infantil de Texas, Estados Unidos, por atender parte de las necesidades médicas globales.

Tegucigalpa. Honduras tiene el privilegio de contar con una científica microbióloga que hace historia mundial. Una mujer incansable en su lucha de crear vacunas de acceso universal, digna representante de la ciencia y un ser humano excepcional.


Es codirectora del Centro para el Desarrollo de Vacunas del Hospital Infantil de Texas, y vicedecana de la Escuela de Medicina Tropical del Colegio Baylor en Houston, Estados Unidos.


Pero si esto fuera poco, además es profesora distinguida de biología en la Universidad de Baylor, y profesora adjunta de bioingeniería en la Universidad de Rice, Texas.


La destacada profesional hondureña que en su infancia aprendió a montar a caballo, bañó en caudalosos ríos olanchanos y disfruta cada vez que vuelve a la capital de las sopas de caracol y las pupusas: sus comidas preferidas.


Es la distinguida compatriota que desde sus primeros años de formación escolar supo que la ciencia marcaría el rumbo de su vida, y pondría en alto el nombre de María Elena Bottazzi Rovida.


Su fascinación por la ciencia

En el mayor puerto marítimo de Italia: Génova es donde nació, pero desde los ocho años fue conquistada por el suelo catracho, que es la patria que le heredó su padre Luis Armando Bottazzi.


Su llegada al mundo en otra nación fue por causa de que su papá era diplomático y permanecía en el país europeo junto a su madre Gabriella Rovida, de descendencia italiana.


Heredera de una familia dedicada al mundo empresarial y fincas agrícolas, donde a la fecha se mantiene como la única científica que representa con orgullo los apellidos Bottazzi Rovida y al país cinco estrellas del cual se siente honrada de pertenecer.


Desde el momento en que pisó el suelo hondureño fue nacionalizada como una más de sus hijas, y se estableció junto a sus padres y su hermano Gabriel en el territorio capitalino donde pasó unos 16 años hasta que le tocó salir del país para continuar estudios en Estados Unidos.


Pese a pasar la mayor tiempo en Tegucigalpa también tuvo la oportunidad de aprender a amar la vida del campo, pues los fines de semana viajaba junto a su familia hacia al vasto departamento de Olancho donde estuvo cerca de hatos ganaderos, la producción agrícola y experimentó los momentos de diversión más inolvidables al disfrutar de las aguas cristalinas de caudalosos ríos de la zona.


“Aprendimos de las labores de la finca cuando nos trasladábamos a Juticalpa y Catacamas”, contó la primogénita del hogar Bottazzi Rovida.


Es la hermana mayor que en su rol siempre fue respetada por sus hermanos por ser la líder y la que mantenía el control y la armonía, la princesa de la casa que destacó por su curiosidad ante el mundo microscópico.


“Desde que en la escuela tuve acceso a ver los microbios, ese mundo me gustó, es que las áreas de las ciencias siempre me gustaron”, aseguró.


Amor por la familia

Para ella, la familia es parte fundamental de sus logros. Ese núcleo que le inculcó sus valores morales, así como los religiosos a través de la formación de la doctrina Católica.


“La base religiosa es la que nos guía para que tengamos valores profundos para aplicarlos en cualquier momento de la vida, así como el ejemplo de nuestros padres”, dijo.


El desempeño de sus progenitores, a través del trabajo honesto, basado en ética, con dedicación y profesionalismo es lo que consideró la ha conducido a admirar a sus padres y familiares cercanos.


También es lo que la ha guiado siempre para cultivar el amor y lealtad hacia los seres que le dieron la vida. “Yo viajo de manera frecuente a Honduras, porque mi papá vive allá, trato de ir una vez al mes, aunque sea un fin de semana”.


Esos momentos en su país amado los aprovecha, además para compartir con sus amistades de escuela y universidad, así como también para compartir con académicos y estudiantes nacionales.


Vida escolar marcada por la excelencia

La formación académica que posee, pero sobretodo su entrega a la ciencia, explica buena parte de sus logros profesionales, ya que desde los primeros años de estudio mostró su gran potencial.


Prueba de ello, es que en los listados de cuadro de honor de Elvel School, siempre estuvo presente su nombre, reconocimientos académicos que se extendieron a su vida universitaria mientras cursaba la carrera de Microbiología y Química Clínica en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras-UNAH.


Pero sus deseos de alcanzar una formación más amplia para desarrollar sus ideas a través de investigaciones científicas le llevaron a inscribirse y a permanecer en las aulas de la University Of Florida, donde obtuvo un doctorado en Inmunología Molecular y Patología Experimental.


También completó la capacitación postdoctoral en Biología Celular en la Universidad de Miami y Pensilvania, entre 1995 y 2001. Luego sacó un máster en Administración pública a través de la Universidad de Temple, en Filadelfia.


Nominación al premio Nobel de la Paz

Habla con fluidez inglés, portugués, francés, italiano y español, y ha contribuido en más de 280 publicaciones selectas con sus investigaciones. También ha impartido más de 300 conferencias a nivel internacional y ha recorrido más de 30 países.


Este año, por su gran labor en el desarrollo y distribución de la vacuna Corbevax, Bottazzi fue nominada para recibir el premio Nobel de la Paz junto a su compañero e investigador, Peter Hotez, por parte de la congresista Lizzie Fletcher que envió una carta al Comité Noruego del Nobel.


El Premio Nobel, reconoce la labor de las personas en distintas áreas, el cual es otorgado por la Real Academia de Suecia en el mes de diciembre de cada año.


Ante esta nueva mención basada en su trabajo a favor de vacunas universales, la defensora de la salud mundial para enfermedades tropicales desatendidas considera que es una responsabilidad más para trabajar en equipo y bajo valores de transparencia y a favor de los menos desfavorecidos.


“Este reconocimiento, con solo haber sino nominada, es una tarjeta de presentación como mujer científica, que destaca el trabajo de uno, con ese interés de servicio público, que busca inducir a vivir mejor, con más prosperidad”, consideró.


A través de esta nominación Bottazzi ha pasado a integrar la lista de los tres hondureños que han sido propuestos para recibir esta importante distinción, pues primero fue Argentina Díaz Lozano en 1970 y Sir Salvador Moncada en 1998.


Vacunas para los más pobres

Son 60 profesionales de diversas ramas médicas y la investigación los que trabajan en el Centro para Desarrollo de Vacunas Infantiles de Texas, Estados Unidos, donde labora Bottazzi junto con dos hondureños más.


En el Centro se dirigen varios proyectos científicos y gracias a la dedicación del personal han alcanzado desarrollar la primera vacuna contra la esquistosomiasis, la primera vacuna contra la enfermedad de Chagas, la primera vacuna contra la infección del parásito intestinal anquilostoma y vacunas contra infecciones de coronavirus.


El equipo se divide en grupos, y unos 20 son los que de manera permanente están enfocados en el desarrollo de vacunas de bajo costo, pues el objetivo es que puedan ser utilizadas de manera universal.


Es este mismo equipo que tras más de una década de investigación para el desarrollo de vacunas para atender a enfermedades emergentes se involucró en el desarrollo del fármaco para inmunizar a la población frente al virus de la Covid-19.


“Desde 2011 habíamos trabajado en el prototipo de vacunas recombinantes contra SARS y MERS. De esa forma, teníamos conocimiento de como identificar el candidato adecuado para una inoculación contra los coronavirus, en este caso el Covid-19”.


Gracias a ese trabajo, de acuerdo con la doctora es que lograron desarrollar en tres meses la vacuna Corbevax, la primera vacuna libre de patentes, es decir que la información de la composición del fármaco está disponible siempre y cuando sea sin fines de lucro, la cual luego de los procesos de estudio clínico comenzó a ser aplicada en la India.


La población más beneficiada con la vacuna producida por el equipo que integra Bottazzi, en el país de Asia del Sur, han sido los niños, debido a que sus componentes permiten que pueda ser aplicada a los infantes a partir de los cinco años.


“Esta es una vacuna que tiene un costo de dos dólares por dosis, y ha sido aplicada a más de 50 millones de niños de la India y se está en estudio clínico en Indonesia”, explicó la destacada microbióloga nacional.


El bajo costo se debe en parte a que para su producción se han utilizado tecnologías muy convencionales, ya que es una vacuna de proteína recombinante. Es decir, una proteína sintética que al ser aplicadas en el ser humano activan sistemas de respuesta inmune que protegen contra el virus.


También influye en el precio el apoyo que se recibe para el desarrollo de las vacunas.


Acceso de la vacuna en Honduras

Una de las múltiples ventajas de Corbevax es que presenta muy buena estabilidad a temperaturas de refrigeración como las que posee Honduras, explicó la doctora y presenta una efectividad mayor de 80 % contra la Covid-19 incluyendo las variantes que circulan en el mundo.


Por ello, según la científica nacional, los productores de la vacuna trabajan en la actualidad en obtener las autorizaciones globales que permitan llegar a países como Honduras mediante los diversos mecanismos en que han sido canalizadas el resto de vacunas que son aplicadas alrededor del mundo.


“Estas vacunas todavía están dirigidas a reducir la severidad de la enfermedad, pero a largo plazo también podrán reducir en la transmisión. En nuestro caso ya trabajamos en un prototipo de segunda y tercera generación que pueda ser aplicada a futuro”, explicó.


Orgullo nacional

Por su labor en la investigación y aporte a la humanidad en su tierra natal ha recibido diversas distinciones como también ha sucedió a nivel internacional.


En el país años atrás recibió el Premio Nacional de Ciencias José Cecilio del Valle y el Premio Gran Cruz del Congreso Nacional.


A estos reconocimientos se sumó en fecha reciente el reconocimiento doctor honoris causa en Ciencias y Humanidades otorgado por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras-UNAH.


“Este es un honor, porque refleja trabajar en comunidad y la importancia del aprendizaje académico. Demuestra la seriedad y responsabilidad de los académicos para forjar las nuevas generaciones”, expresó la reconocida científica internacional.


Hace apenas unos meses, por su aporte con la vacuna Corbevax recibió el premio a la defensa de la salud Neal Kocurek en Estados Unidos. Sumado al Premio en Investigación que le otorgó en 2020 la Fundación Carlos Slim.


A través de su esfuerzo diario Bottazzi va heredando al país un legado absolutamente primordial que reconoce la humanidad y que a través de esta publicación también lo hacemos desde Honduras Trascendental.







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