Un corazón esculpido entre dos patrias: historia y el legado del maestro escultor y pintor salvadoreño Sabas Gómez
- hondurastrascenden8
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Reconocido a nivel internacional por su arte sacro y sus imponentes esculturas con motosierra, el artista salvadoreño abre su corazón y confiesa su profundo lazo con Honduras, su segundo hogar.
Tegucigalpa. De apariencia robusta y fuerte, pero habitado por una sensibilidad infinita de la que fluye arte puro, así es José Sabas Gómez Pacas. Un maestro escultor y pintor que nació el 5 de diciembre de 1967 en Apastepeque, El Salvador, cuya vida es un testimonio de resiliencia, fe y un amor profundo por el arte que desafía las fronteras geográficas.
A los cinco años, descubrió el misterio de las formas cuando el destino lo llevó al hogar del maestro Feliciano Urquilla (Erasmo Rosales). Aquella familia lo cuidó en la ausencia de sus padres y, casi sin saberlo, sembró en él la semilla de una vocación inquebrantable. A los 23 años, el joven Sabas pidió entrar formalmente al taller; el resto es historia escrita en madera.
Hoy en día, sus creaciones habitan en rincones tan diversos del planeta como El Salvador, Honduras, Canadá, Bosnia, Herzegovina, España, México y Panamá.
Arte sacro, pintura y escultura
Su genialidad se divide con respeto entre dos universos: la rigurosa perfección del arte sacro —cuyas vírgenes y santos patronos bendicen iglesias de varios países del continente— y la absoluta libertad de la escultura contemporánea.
Es precisamente en su obra artística libre donde el maestro se transforma. Verlo esculpir un trozo gigante de madera es presenciar un acto de valentía: ya que utiliza herramientas modernas como la motosierra para aplicar una técnica de talla directa sobre troncos recién cortados.
De ese contraste nacieron sus dos colosos esculturas consideradas por él como las más desafiantes: "Herencia Materna", en El Salvador, y "La 2 Veces Madre", una imponente obra de 3.70 metros de altura que custodia el municipio de San Nicolás, Santa Bárbara, en Honduras.
Sin embargo, más allá de los museos y las iglesias, la verdadera obra maestra del connotado escultor es su compromiso con los demás. En 2013 fundó Musa Galería Museo en su natal Apastepeque, un espacio donde los jóvenes locales encuentran el apoyo y la libertad creativa que él alguna vez recibió, permitiéndoles investigar, pintar y esculpir mientras avanzan en sus estudios académicos.
Un lazo inquebrantable con la tierra catracha
Recientemente, el maestro dejó su huella en el Primer Simposio Internacional de Escultura en Ferrocemento en Talanga. Tras esta experiencia, el artista reafirmó un sentimiento que desafía los mapas y las nacionalidades.
"¡No soy tan patriota!... porque me siento salvadoreño, pero a la vez hondureño por la amistad y afinidad de cada colega artista", confesó con honestidad.
Además, reveló que su pasatiempo favorito es dejar el trabajo formal para dedicarse, como una afición pura, a la creación netamente artística y a los Simposios internacionales.
Sueños por alcanzar
Su mirada está puesta ahora en el futuro de la región: sueña con invertir sus propios recursos, su tiempo y su talento para sembrar obras personales en distintos municipios hondureños, buscando el apoyo de instituciones locales para dinamizar el turismo y la economía a través del arte.
Al final, este creador nos demuestra que la felicidad cabe en cosas sencillas: salud, dedicación absoluta al oficio y el milagro diario de transformar la materia en un puente de hermandad centroamericana.


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