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Experimentado músico hondureño que con armonía ha logrado conquistar el arte de moldear metales

Su vida ha estado ligada a la música durante más de dos décadas, pero fue durante la pandemia de la COVID-19 cuando decidió emprender creando figuras de metal en miniatura, pero en el camino ha evolucionado creando estructuras de hasta tres metros de altura.


Este año dos figuras de soldados Cascanueces, de más de tres metros de altura, fruto del talento del artista se pueden apreciar como parte de la decoración navideña en la ciudad de Comayagua.

Tegucigalpa. Emprender con la fundición de metales no estaba entre su repertorio inmediato, pues su día a día transcurría entre los acordes y las cuerdas sin imaginar que su armonía cotidiana seria interrumpida por la pandemia de la COVID-19, obligándole a pensar en dedicar su preciado tiempo al arte de moldear los metales.


Esta nueva pasión artística le ha llevado a cambiar hasta su vestuario diario, pues sus atuendos de músico de rock, ahora han quedado solo para los momentos en que es contratado para presentaciones como solista, ya que su nueva faceta de emprendedor en la metalurgia le obliga a protegerse con casco, delantal, guantes y gafas de seguridad.


Es que, de otra manera, su actual trabajo formal, podría poner en riesgo sus principales sentidos, esos mismos que le permiten hacer música y que a su vez representan sus principales herramientas para fundir de manera perfecta y en una sola pieza; tornillos, tuercas, alambres y cualquier metal que considere apropiado para dar rienda suelta a su creatividad.


Esa misma pasión artística le han permitido a Edwin Henrique Tejeda Hernández crear más de 90 figuras decorativas en su mayoría a baja escala, pero también se ha ganado la admiración de los clientes y vecinos con sus piezas de gran altura como sucedió con una escultura de un Transformers y en fecha reciente con dos cascanueces de más de tres metros que adornan el paseo navideño de la ciudad de Comayagua.


Pero, aunque hasta hace tres años que comenzó a brillar con su arte en metal, su talento manual comenzó a ser visible en sus primeros años de vida en la colonia 2 de Mayo, de Comayagua, cuando construía sus juguetes con olotes o barro.


El taller donde funde sus sueños

Sus conocimientos básicos en soldadura los obtuvo durante su formación académica en el Instituto Comalhuacan y desde ese momento mantenía en su mente desempeñar este oficio.


El lugar de trabajo de Edwin se constituyó con apenas 5 mil lempiras, y se encuentra en la misma comunidad donde nació, en un espacio de su casa, un área reducida, pero que se ha multiplicado cada vez que ha logrado cumplir con los pedidos de puertas, ventanas, barandillas y esculturas metálicas.


Es el mismo lugar donde a diario sueña y se esfuerza por convertirlo en una empresa de arte donde laboren otros artistas que como él quizás tengan destrezas que aún no han logrado dar a conocer por falta de oportunidades.


“Quiero que mi pequeño taller de hoy en día se convierta en una empresa de arte, que los demás puedan admirar y así mismo dar empleo a muchas familias”, confió y a su vez resaltó que su taller se distingue más por la calidad de su trabajo.


Con el transcurrir del tiempo ha logrado armar figuras de animales, de personas realizando oficios, de artistas, de deportistas, pues han ido variando según el gusto de los clientes, pero la estructura que más empeño requirió, por su complejidad al momento de darle forma, fue un perro “porque lleva muchos detalles diminutos que conlleva mucha concentración”.


El tiempo que dedica a cada escultura metálica depende según el tamaño, hay algunas que se arman con 10 piezas, pero otras de mayor altura requieren de la unión de más de mil piezas.


Sus materias primas, en parte salen de su taller, aunque también recurre a talleres de mecánica automotriz y de motocicletas, así como algunos Yonkers de la ciudad colonial.


Con sus manos además ha desempeñado trabajos como la mecánica automotriz, electricidad y la fontanería.


La música en su vida

Sabe tocar la guitarra a la perfección “y un poco de todos los instrumentos de una banda, yo aprendí a tocar la guitarra por medio de un amigo que tenía un requinto y a la fecha se me de memoria unas 30 melodías”, confió.


A lo largo de su carrera artística ha formado parte de tres agrupaciones. En 2011, Edwin se integró a la última banda musical denominada Sector 16, con la agrupación del género donde predomina la guitarra eléctrica, los compases de 4/4 y una estructura verso-estribillo es decir el rock.


A través de este grupo de músicos se sostuvo durante varios años siendo vocalista, cantando en bares y en eventos privados en su ciudad natal Comayagua y luego de más de dos décadas sigue en el ambiente de las melodías bajo su nombre artístico “Kike Cuerdas Hernández”.


En la actualidad sus presentaciones se dan dos veces por mes, aunque en ocasiones varía según la temporada.


Entre sus canciones preferidas aparece en el sitial de honor la composición “Nunca te diré adiós” de la banda de rock cristiano Guardián (Rock balada).


Este mismo espacio musical le dio ventaja para según sus propias palabras conquistar a “muchas novias, ja,ja,ja,ja”.


También para admirar a guitarristas como Carlos Humberto Santana Barragán de origen mexicano-estadounidense, así como a Saul Hudson, más conocido por su nombre artístico Slash, el guitarrista principal de la banda Guns N' Roses.


Por ser un apasionado en la música también es un coleccionista de guitarras logrando adquirir hasta el momento ocho guitarras y un bajo, instrumentos que considera como uno de sus mayores tesoros.


Infancia entre los juegos y las leyendas populares

Un día miércoles, con fecha 5 de octubre de 1982, fue el momento en que Edwin nació en una de las salas del Hospital Santa Teresa, en la denominada ciudad de los comales.


Sus papás Adela Hernández Matute y José Madian Soriano Tejeda procrearon ocho hijos a quienes criaron, bajo la religión católica, en uno de los sectores con mayor ruralidad de la ciudad, en la que las viviendas eran distantes unas de otras, sin energía eléctrica, pero si con una población unida por los valores y la sana convivencia.


La presencia de los animales de carga como los burros era también distintivo de la zona donde el artista aprendió a caminar y pronunció sus primeros balbuceos.


Fue en este mismo sector en donde le encantaba subirse a una carreta para disfrutar de las narrativas populares llamados cuentos y leyendas, después de un buen tiempo de la potra callejera.


Aplicado en los estudios

A los siete años comenzó la primaria “siempre me gusto ser aplicado en mis estudios desde el kínder hasta colegio”.


Su mayor sueño ligado a los estudios era convertirse en maestro de historia, anhelaba graduarse de la universidad para compartir sus conocimientos con “muchas personas”, pero por circunstancias de la vida solo logró culminar el bachillerato en ciencias y letras.


Sin embargo, pese a las limitaciones que enfrentó durante su época de estudiante por su carisma fungió como presidente de curso, y destacado en materias como historia, estudios sociales y biología.


Solidario

Edwin en su comunidad es apreciado y admirado por sus dones, en especial cuando se trata de ayudar a sus semejantes, es así que ha dirigido campañas solidarias en beneficio de los niños con cáncer y personas con discapacidad.


Parte de esos valores y su gusto por la música es lo que anhela heredar a su hija primogénita Adela Alexandra Tejeda Maradiaga, de 20 años de edad.


Y así como ama a su única descendiente directa también muestra su amor a su patria de la cual nunca ha pensado en abandonar, pues siempre ha tenido la certeza de que se puede salir adelante en esta tierra llamada Honduras.


Expresión


“Me describo como una persona de seguro de sí mismo con muchos sueños por cumplir, con el don de servicio hacia las demás personas, ayudando al que más lo necesita”.

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