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Julio Cesar Trochez: hondureño que ofrece esperanza a migrantes desvalidos en España

Su amor hacia el prójimo también es palpable en su tierra natal Honduras, ya que desde hace seis años apoya el envío de mochilas cargadas de útiles escolares para alumnos de extrema pobreza. Este año son más de 200 estudiantes los que serán beneficiados. También ha promovido la gestión de ayudas en momentos de catástrofes naturales como sucedió durante el embate de las tormentas tropicales Eta e Iota.


Tiene 12 años de residir en Barcelona, España, ciudad cosmopolita en donde sobresale por su generosidad y solidaridad ante los compatriotas que enfrentan dificultades, en su mayoría por el estatus migratorio.

Tegucigalpa. De sonrisa espontánea, amable en estado puro, y fácil de ganarse el corazón de los demás por don de servicio. Un hondureño que cada día se despoja de sus conocimientos y hasta sus ingresos para atender las carencias de sus compatriotas.


Y es que para él no hay imposibles cuando de ayudar a otros se trata, pues con sus acciones concreta su lema de vida “hacer el bien sin ver a quien”.


Heredero de valores forjados en tierras olanchanas de donde son originarios sus abuelos maternos, pero con otros adquiridos en su vida de capitalino, pues nació en Tegucigalpa, y de los principios que se sumaron en su adolescencia y juventud al crecer en Comayagua.


´Julito´ es como le llaman de cariño en Barcelona, pero que en su DNI es identificado como Julio Cesar Trochez, catracho que haciendo uso de sus redes sociales a diario informa sobre oportunidades de empleo para migrantes, o tan solo motiva a sus connacionales con un mensaje de aliento.


Es el mismo, que, con su cargo de presidente de la Asociación Hondureños Solidarios en Barcelona, desde hace seis años apoya el envío de mochilas cargadas de útiles escolares para donarlas a alumnos de extrema pobreza. Este año son más de 200 estudiantes los que serán beneficiados.


También ha promovido la gestión de ayudas en momentos de catástrofes naturales como sucedió durante el embate de las tormentas tropicales Eta e Iota.


Hijo de madre soltera

El Hospital Materno Infantil fue a donde su madre acudió para que la atendieran al momento en que ´Julito´, entre dolores de parto, anunciaba su llegada al mundo. Fue el 17 de abril de 1983 cuando él se integraba como el tercero de los cuatro hijos de la familia.


“Mi madre es Elsa Milagro Trochez y mi papá Julio César, pero yo me crie con mis abuelos Manuel Santos e Inés Trochez, pues mi mamá fue madre soltera”, explicó.

Desde su nacimiento hasta los 10 años disfrutó de su niñez en la colonia San José del Pedregal, identificada popularmente como El Pedregal, zona de la capital donde exprimió al máximo las tardes de juegos tradicionales. “Yo jugué al trompo, a volar barriletes, a los mables, landa y las potras en las calles”.


También experimentó de las responsabilidades asignadas en el hogar como parte de las tareas a cumplir, aunque no fuesen de su agrado “los mandados no me gustaban, pero tenía que ir”.


De igual manera, siendo un niño, y aunque no estaba tan consciente, conoció de las limitaciones familiares, ya que vestir con ropa nueva era "a veces" parte del deleite navideño.


Luego su adolescencia y juventud trascurrió en Comayagua, ya que sus progenitores decidieron llevarlos hacia este municipio para ofrecerles mejores condiciones comunitarias.


Cada uno de los sacrificios de su mamá ha sido valorado con el corazón, según Julio Cesar, pues su progenitora es su superhéroe y sus hermanos son para él parte importante de su vida, así como son sus hijos.


“A mi familia me gusta mantenerla más en privado. Por eso no revelo sus nombres, pero para mis hijos deseo que alcancen grandes triunfos en sus estudios y trabajo, también espero que encuentren una pareja que sea su complemento”, dijo el carismático compatriota.


Pérdidas que aún duelen

Despedirse de sus seres amados, sus abuelitos maternos que Q.D.D.G. ha representado para Julio Cesar los momentos más difíciles de su vida.


“Mi abuelo fue mi figura paterna, y mi abuelita fue mi segunda mamá”, dijo razón por la cual representan ellos sus momentos de dolor por su partida temprana al cielo, ya que le hubiese gustado mantenerlos con vida por largos años más.


Esas despedidas de hasta que Dios nos vuelva a reunir han representado sus momentos de llanto y gran sentimiento no solo por sus familiares cercanos, pues a través de sus redes sociales compartió que siendo niño perdió a su perro Rocky, el cual sigue vivo entre sus pensamientos.


Y es que, siendo su primera mascota, le daba comida hasta a escondidas de su madre, y debido a que el animal dormía en el patio de la casa “cuando tenía un año de vida un sapo lo envenenó expulsándole leche y murió, entonces lo fui a enterrar cerca de un río y durante dos semanas, todos los días, fui a llorar sobre la tumba del perrito porque había dejado un gran vacío en mi corazón”.


Ante aquella pérdida, luego de que su mamá se enterara del sufrimiento de Julio Cesar se vio obligada a dialogar con él “me habló un poco fuerte y me hizo entender que la vida es así, que nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos”.


Para superar la ausencia de su amada mascota de acuerdo con el reconocido líder catracho dejó pasar más de 30 años para tener otro perro al que ha nombrado como Tyson, y es con quien disfruta de momentos divertidos y graciosos.


“Es un buen perro, es leal, nos da mucho amor y nosotros lo tratamos como uno más de la familia”, expresó.


Formación para la vida

En el seno de su hogar su madre fue quien le inculcó a él, y a sus tres hermanos el temor a Dios. “Somos cristianos evangélicos, mi madre desde pequeño nos llevó a la iglesia. Y mi abuelo siempre me decía que fuese honrado y sincero”, explicó.


También fue apoyado para que cursara los estudios primarios y secundarios como parte del esfuerzo por alcanzar mejores condiciones de vida.


Los primeros años de estudio los cursó en la Escuela Aposento Alto, ubicada en la colonia El Pedregal, y en la Escuela Inmaculada Concepción de Comayagua.


“Me logré graduar de bachiller técnico en computación en el Instituto Privado Comayagua y luego ingresé a la universidad, saqué unas clases, pero no pude terminar porque debía trabajar”, confió.


Para este momento, ya con mayor madurez se aferró a cumplir su sueño de salir del país, tratando de encontrar mejores condiciones para él y su familia, es así que decidió probar suerte emprendiendo camino hacia los Estados Unidos allá por el 2006, con la mala experiencia de que fue deportado.


Unos cinco años después logró viajar a España. Llegó a Barcelona sin conocer a nadie y sin tener ningún apoyo. Esta decisión le llevaría a vivir una de las experiencias más difíciles ya que al no encontrar trabajo de inmediato y gastar el poco dinero que había podido llevar en sus bolsillos “me tocó dormir por dos días en la calle y esto me llevó a pensar en regresar a Honduras”.


Luego llegaron los trabajos que le permitieron “ir pasando” como empleado en las mudanzas, lavando platos, pintando pisos, lavando carros, paseando perros, repartiendo publicidad en la calle y como ayudante de albañil, asignaciones que nunca antes pensó en realizar ya que en Honduras había trabajado como profesional en el área de informática.


Estabilidad y solidaridad

En 2012 Julio Cesar conoció que se abriría el consulado de Honduras en Barcelona y se ofreció como voluntario, pues anhelaba ayudar a sus compatriotas más que con sus conocimientos con sus deseos de servir al prójimo.


Primero trabajó tres meses sin remuneración y luego en 2013 fue contratado por las autoridades del gobierno hondureño, con un salario de 600 euros.


“En los años de servicio, cada día iba con la idea de ayudar a los hondureños”, pero después de un poco más de cinco años de trabajo se le informó que por ayudar a conseguir trabajo a migrantes sin documentación estaba siendo despedido.


“Trabajé en el consulado de Barcelona, ofrecía el trato que mis paisanos se merecen y ellos reconocían ese esfuerzo con su cariño, luego estuve en un despacho de abogados, y ahora pues ya tengo mi propia empresa”, reveló.


Los servicios que presta a título personal son trámites para otorgar documentos como; antecedentes penales, partidas de nacimiento, actas de matrimonio y soltería, y apostillados para realizar trámites de arraigo o nacionalidad.


Pero su verdadera razón de ser esta en el servicio desinteresado como visitar a los enfermos hospitalizados que no tienen a un familiar que los acompañe, “algo que me apasiona hacer es ir a los hospitales a visitar enfermos y orientar a mis paisanos sobre tramites en consulados y en el área laboral”.


Proyección sin límite

En su ruta solidaria, en 2016 pensando siempre en los demás Julio Cesar se propuso organizar un grupo de personas que desearan hacer la diferencia en un mundo a veces indiferente ante el dolor de los demás.


“Al momento de conformar la Asociación Hondureños Solidarios de Barcelona, ya había otras asociaciones de hondureños acá, pero que no hacían nada solo buscaban su propio bienestar, entonces pensé en organizar un grupo”, explicó.


Así comenzó la historia de la Asociación que dirige el compatriota con la cual han servido a centenares de personas, al grado de que se desconoce cuántos han sido, pero lo que si no se han perdido son los registros contables de cada ayuda recibida y que se ha entregado.


“El grupo de amigos cercanos empezaron a reunir dinero, a dar de manera voluntaria para comprar comida, para ajustar para la habitación para un paisano que no podía pagar, entre otros”, mencionó, sin embargo, dos años después se vieron en la necesidad de legalizarse para evitar problemas con Hacienda.


A través de este equipo de buenos hondureños se han ejecutado actividades de proyección no solo para los compatriotas que residen en la Madre Patria, sino que también para enviar ayudas para ser distribuidas en territorio hondureño.


“La experiencia de apoyar a niños hondureños es maravillosa, es una gran satisfacción ver la felicidad en un niño cuando le regalan un cuaderno y también es un respiro para miles de familias que hemos podido ayudar en estos años”, agregó.


Conociendo el mundo

La vida de Julio Cesar en el extranjero es agitada como el mismo lo describe “duermo poco, cinco a seis horas”.


Y es que debe estar en contacto con sus seguidores de las redes sociales, por ello debe de darse el tiempo para producir sus videos, editar sus fotos y todo lo que conlleva este modo de vida pública, al mismo tiempo de cumplir con sus trámites legales, brindar asesoramientos, escuchar y dar consejos a quien se le acerca. “Llevo, así como cinco años, un ritmo vertiginoso”.


Luego de migrar también ha podido sobrepasar su anhelo de viajar a otro país, pues ha contado con la dicha de viajar a Suiza y países fronterizos como Francia, Alemania e Italia.


También ha recorrido las calles de Holanda, Polonia, México, Bélgica, Portugal, Israel, Tailandia, Dubái, Inglaterra y Austria.


En Centroamérica ha visitado Costa Rica, Panamá, Guatemala, y El Salvador. “Creo que estos son la mayoría de los países que he conocido”, reveló.


Pero pese a los viajes lejanos y los bellos paisajes que ha podido apreciar no olvida las playas y naturaleza hondureña, gastronomía como los pescados del Lago de Yojoa o las baleadas que se ofrecen en las esquinas de barrios y colonias del país cinco estrellas.


Las motocicletas son otra de sus pasiones, y el fútbol, deporte que le ha heredado su amor al equipo de la liga nacional Motagua. Así mismo, la música sin importar el género.


Por su trabajo y esfuerzo diario a favor de los compatriotas que urgen de ayuda el blog Honduras Trascendental le rinde las gracias!Adelante Julito siga dando lo mejor para orgullo de Honduras!


En corto

Cita bíblica. “Todo lo puedo en cristo que me fortalece”.

Color favorito: El rojo

Comida favorita: Tortillas con quesillo.

Descripción: Soy honrado, honesto, transparente, no me gustan las injusticias en ningún nivel.


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