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Fredy Moya plasma el amor más allá de la muerte y la memoria histórica de México en el festival de Juchitlán, México

hondurastrascenden8
hace 7 minutos
3 min de lectura

El reconocido escultor y pintor catracho representó con orgullo la identidad nacional como invitado de honor en el 25° aniversario del emblemático encuentro cultural juchitense.

Tegucigalpa. En un despliegue sin precedentes de misticismo, historia e identidad regional, el destacado artista hondureño Fredy Moya dejó su huella en el Festival Cultural Internacional de Día de Muertos en Juchitlán, Jalisco, México.

 

El encuentro, que este año conmemoró con éxito sus 25 años de trayectoria (Bodas de Plata), consolidó su posición como una de las celebraciones artísticas y comunitarias más vibrantes del occidente mexicano.

 

Bajo el lema "El arte a través de nuestros sentidos", la edición de este año rompió fronteras al enfocar sus esfuerzos en la sensibilización sobre la discapacidad visual y abrir sus puertas a un selecto bloque centroamericano.

La delegación de honor estuvo integrada por Fredy Moya (escultura y pintura), originario de Catacamas, Olancho,  y su compatriota, la muralista Gabriela Fajardo, de Tegucigalpa, junto a la salvadoreña Karen Silva, cuyas propuestas brillaron a través del color y el arte de las raíces catrachas.

 

Un tributo eterno a las Catrinas

En declaraciones exclusivas para el medio digital Honduras Trascendental, Fredy Moya compartió los pormenores de su experiencia fuera de las fronteras nacionales, donde destacó por su versatilidad artística al presentar una pintura, un impactante mural y una pieza escultórica conceptual.

 

"Me tardé seis días, cuatro días en la pintura y dos días en la escultura, desde el comienzo hasta ya terminar los últimos detalles. Utilizamos pinturas acrílicas", detalló el artista respecto a la realización de un imponente mural en honor a las catrinas, el cual es una réplica exacta de una pintura de su autoría que también formó parte de la exhibición en el festival.

 

Al ser consultado sobre la profundidad poética de su obra pictórica, Moya explicó: "La hice así porque el amor —o sea, el Día de Muertos— quiere decir que el amor debe seguir aún después de la muerte".

 

Para el destacado artista hondureño, la estancia en tierras aztecas le resultó sumamente estimulante: "Ha sido una experiencia muy enriquecedora; hemos visitado algunas ciudades aquí que son una belleza de la cultura por todos lados y el arte".

 

"Viva Cristo Rey, y fuego": Memoria e historia en bronce y hierro

Además de su celebrada propuesta pictórica, el artista catracho impactó al público y a la crítica local con la presentación de una pieza escultórica cargada de un fuerte simbolismo histórico y religioso vinculada fuertemente a la memoria de la región de Jalisco.

 

La obra, titulada “Viva Cristo Rey, y fuego”, plasma de manera cruda y poética los acontecimientos de la Guerra Cristera (1926-1929). "Presenté una escultura que es un cáliz con su hostia y esta está traspasada por un rifle, porque en la guerra de los cristeros querían que la gente dejara de ser cristiana. El presidente que estaba en ese momento empezó a mandar a sus ejércitos para que no le robaran protagonismo a él. Por eso está traspasada la hostia con el rifle, porque estaban queriendo matar a Cristo", argumentó Moya sobre la pieza.

 

Asimismo, extendió un agradecimiento especial para todas las personas que de alguna u otra forma le apoyaron para cumplir este sueño de participar en esta jornada artística, y en especial a la Corporación Municipal de Catacamas, bajo la dirección del alcalde José Miguel Tejeda Oliva.

 

El festival, coordinado históricamente por la comunidad educativa de la Universidad de Guadalajara, vistió sus calles principales con el tradicional "Paseo de las Ánimas", desfiles de catrinas vivientes, monumentales altares y coloridos tapetes de aserrín ante una comitiva de asistentes y delegaciones internacionales que ovacionaron el talento de los representantes de la región.

 

El éxito de la delegación hondureña en las Bodas de Plata del festival en Juchitlán deja en evidencia el poder del arte como un puente de hermandad entre los pueblos.

 

La huella de Fredy Moya en tierras aztecas quedó plasmada como un testimonio eterno de que la creatividad, la memoria histórica y la identidad centroamericana brillan con luz propia en el extranjero.

 

 

 
 
 

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