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Catarine Leiva: abnegada entrenadora de las campeonas del voleibol hondureño

Tiene más de 16 años de ser entrenadora de los equipos femeninos de voleibol que se forman en la Villa Olímpica, también es asistente de la selecciones menores, y tiene una escuela dedicada a esta disciplina deportiva.


En su historia con los deportes destacó siempre como una de las mejores no solo en voleibol, sino que además, en atletismo, baloncesto, y fútbol.

Tegucigalpa. De una pasión inigualable por el voleibol y su trabajo, con el equipo y cada atleta. La encargada de la preparación táctica y estratégica para cada juego.


La primera en visualizar como llevar a las competidoras a su cargo a resolver en el momento en que les toque recibir, bloquear, y atacar para desactivar la estrategia del equipo contrario.


Pero además, es la que en los entrenamientos y juegos presenta una versión fría, estricta, la que brinda consejos basados en conocimiento y de acorde a las necesidades de las atletas.


La protagonista de esta historia dedicada a los deportes lleva por nombre Catarine Lizeth Leiva Arriola, quien tiene una trayectoria de más de 16 años como instructora en el voleibol nacional, y más de tres décadas en el mundo deportivo.


Y es que durante más de una década y media se ha destacado como entrenadora de los equipos femeninos de voleibol que se forman en la Villa Olímpica, también es asistente de la selecciones menores, y tiene una escuela de voleibol.


“Dios ha sido súper bueno conmigo, he jugado y dirigido en todos los niveles, juegos olímpicos es lo que no he hecho”, confió la destacada entrenadora nacional.


Reconocimientos en su carrera deportiva

Los triunfos y derrotas los ha palpado desde dos posiciones: en sus inicios como jugadora de la selección nacional de voleibol de Honduras y con equipos universitarios estadounidenses, y desde hace 16 años en su rol como entrenadora.


Por ello, en su álbum de los recuerdos mantiene títulos como atleta y los más recientes como la coach de las seleccionadas nacionales.


Para ejemplo, en el 2000, Catarine, fue nombrada como Atleta del Año, reconocimiento que le fue otorgado por la Universidad Taylor, Estados Unidos.


Ese mismo año, formó parte de la selección para el equipo de las Estrellas Renianales de NAJA 2000 y se repitió esta participación en los años 2001, 2002 y 2003.


Años después, en 2014 fue nombrada como la entrenadora del año en voleibol, por su destacada participación en los campeonatos con la selección.


Tres años después llevó a la selección nacional de voleibol femenina Sub-20 a coronarse como subcampeonas centroamericanas en un encuentro realizado en Belice.


Ese mismo año también condujo a la Sub-18 a coronarse como campeonas centroamericanas, y el año siguiente, en 2019 en Costa Rica, con la Sub-20 recibió el título de campeonas centroamericanas y obtuvo medalla de bronce con la Sub-18.


Quinceañera y el voleibol

Desde su primera infancia demostró que tenía las condiciones para desenvolverse en cualquier disciplina deportiva, por ello llegó a practicar en baloncesto, fútbol y atletismo hasta que al llegar a la edad de ensueño conoció del voleibol para nunca más separarse del deporte colectivo.


La persona que la inspiró y motivó a practicar el juego de pista fue el entrenador Luis Guillermo Zepeda Muñoz a quien aseguró le guarda un infinito cariño, pues gracias a él destacó en este deporte y le permitió además llegar a las competencias y la educación internacional.


En la selección jugaba en la posición central, es decir especialista en el bloqueo y el ataque en la parte media de la red, requiere de características específicas como altura, rapidez, y buena técnica para atacar.


Pero estando en el extranjero también jugó en la posición de salida, pues a pesar de que mide 1.80 en los equipos de voleibol de Estados Unidos era considerada pequeña para ser la central.


Otra posición en la que se desempeñó fue en opuesto, que es la atacante especialista, la jugadora que recibe el mayor número de pelotas para atacar.


Oportunidad en el extranjero


Un campeonato centroamericano de voleibol que se desarrolló en Honduras, fue la oportunidad para que una entrenadora cubana y una colocadora de Estados Unidos apreciaran su talento al grado de que se le acercaron para ofrecerle una beca para que estudiara y jugara en Miami Dade.


De inmediato Catarine aceptó el reto y se mudó al condado estadounidense con la finalidad de jugar y aprender el idioma inglés. “en ese tiempo no aprendí inglés, pero si portugués porque mis compañeras de cuarto eran brasileñas”.


Fue en 1997 cuando salió del país en busca de conquistar un sueño, que se le había revelado a ella, unos años antes, por un grupo de misioneros que a la Villa Olímpica donde ella practicaba la disciplina más antigua del mundo: el atletismo.


“Ese día un misionero africano dijo que los sueños había que ponerlos en las manos de Dios, y yo tomé esa palabra. Yo tenía una semana de haberme convertido a la fe cristiana, cuando escuché este mensaje, y ahí decidí que en algún momento me iba ir fuera del país”, contó.


Carrera universitaria y el deporte

Confiando en esa voluntad divina abandonó tierras catrachas, y comenzó a jugar siendo preparada bajo nuevas condiciones que reforzaron sus destrezas innatas y además un mejor conocimiento del juego.


El tiempo transcurrió hasta que llegó el momento de participar en un campeonato nacional, en el estado de UTAH, donde también destacó con su juego captando la atención de los entrenadores de varias universidades.


Entre los centros de enseñanza a nivel superior que le habían tratado de contactar se encontraba la Taylor University, la cual se encuentra en el estado de Indiana y es una de las universidades cristianas evangélicas más antiguas del país.


“Fue difícil escoger la universidad donde estudiar, en especial porque no manejaba el inglés, pero la entrenadora de la Universidad de Taylor, Angie Ficano, me contactó y me apoyaron para que contara con un tutor en cada clase, así logré graduarme”, dijo disciplinada entrenadora nacional.


Al mismo tiempo en que recibía las clases diarias en la universidad también continuaba sus entrenos y formación como parte del equipo femenino de voleibol universitario con el que pudo viajar a diversos países para encuentros de fogueo.


Unos años después se le otorgó el título de licenciatura en lenguas extranjeras y en educación temprana, las dos carreras que sacó en tierras estadounidenses.


Formación como entrenadora


“No soy licenciada en educación física, sino una entrenadora que se formó a través de la experiencia y luego a través de varios cursos en línea y presencial”, es decir que recibió todos los cursos que reciben los entrenadores en Estados Unidos.


Por ello, posee una acreditación como entrenadora otorgada por el país extranjero. Pero para llegar a esta etapa de su vida deportiva, primero fue motivada por su entrenadora de la Universidad Taylor, ya que mientras recibía las instrucciones como jugadora también iba mostrando cualidades para enseñar las técnicas de su amado deporte.


Sus primeros pasos como entrenadora los dio a través dos campamentos de verano estando aún en el extranjero y fue en el campamento de baloncesto cuando experimentó la celebración de triunfo desde otro pedestal.


“Para mi sorpresa mi equipo quedó como campeón y me encantó la experiencia de encontrarme enmedio de limitaciones, tanto de las niñas como las mías, salir ganadoras, de ahí surgió mi etapa como entrenadora”, dijo.


Formadora de líderes


Regresó al país en 2004 ya graduada con la intención de renovar documentos, sin imaginar que ese viaje representaría volver a enamorarse de su país y de los entrenos en la Villa Olímpica.


Fue así como decide quedarse y además de ofrecer sus conocimientos a las seleccionadas fue contratada como instructora del equipo de voleibol de la Escuela Americana y luego decidió pasar a formar parte del personal de la Escuela International.


Este año con las alumnas del centro educativo donde labora logró alcanzar el título de pentacampeón en categoría juvenil. Además de contar con el reconocimiento de ser tricampeonas en dos categorías más.


Ahora, luego de alcanzar la experiencia como formadora de campeonas aseguró que es un privilegio y bendición compartir su pasión por el voleibol con otras generaciones “es toda una aventura, con experiencias inolvidables”.


Han sido incontables las adolescentes y jóvenes que han estado en sus manos como formadora de deportistas del juego del balón ligero. “En mis inicios como entrenadora también entrené a varios niños”.


Propósito de vida

Estricta, disciplinada y exigente son definiciones que se ha ganado la reconocida coach por parte de los padres y atletas, pero es también la más admirada por inculcar en las jovencitas valores y por llevarlas al triunfo.


“No soy muy fácil a simple vista, al menos eso es lo que me dicen, soy estricta con todas, no tengo favoritismo, soy justa, las trato a todas por igual, regaño por igual, y elogio también cuando se lo merecen”, expresó.


Por su forma de ser no siempre se ha ganado sonrisas, al grado de enfrentar conflictos con las jugadoras y papás, pero que luego al apreciar la madurez que van alcanzando logran solucionar “ser entrenador no es fácil, no se puede complacer a todos y aunque no busco jugadoras perfectas si me intereso por buscar a las correctas para que sean parte de la historia que escribimos en cada partido”.


Sin embargo, entrenar a las adolescentes y jóvenes le otorga la seguridad de estar cumpliendo su propósito de vida, “me siento orgullosa cuando las veo crecer, no solo como atletas sino también como seres humanos”.


“Este es un legado que lleva muchos años, es un reto que nos lleva a superar las generaciones anteriores, y nos exige entrenar más duro, porque cada generación es diferente”, agregó.


Por la cercanía que llega a formar con cada jovencita, es que en su memoria quedan tantas experiencias y anécdotas vividas.


Una de estas historias inolvidables que guarda en sus recuerdos sucedió durante una jornada centroamericana cuando una de las atletas olvidó llevar los tenis con los que jugaría.


“Estábamos en Nicaragua con la Sub-20 y una de las jugadoras titulares olvidó sus tenis en el hotel y tuve que quitarme los míos para que ella estuviera en el juego, pero lo más gracioso es que ella después de jugar me los dejó botados en el gimnasio” recordó Catarine.


Agradecimiento


Cuando se le reconoce su trabajo y se le califica como una buena entrenadora ella responde que las que merecen el mayor elogio y agradecimiento son sus atletas porque ellas son y seguirán siendo parte de su equipo.


“Mis jugadoras son las buenas, ellas me hacen quien yo soy, ellas me representan, porque de ambos lados damos el 100 por ciento, me llevo muy bien con ellas, reimos, compartimos, chisteamos y cuando nos toca ponernos las pilas lo hacemos también”, reconoció la experta del voleibol nacional.


En la actualidad con la Sub-19 entrena de 3 a 4 horas diarias, de lunes a viernes, y cuando se trata de prepararlas para competencias las horas de ejercicios, pruebas, repeticiones y evaluaciones se extienden hasta los fines de semana.


“Para jugar este deporte se necesita ser una persona determinada, paciente y perseverante, ya que hay muchas cosas que aprender al mismo tiempo y eso puede ser abrumador”, aseguró.


De acuerdo con la instructora, el voleibol en Honduras tiene un gran futuro, pues hay muy buenas jugadoras en formación y eso trae buenas expectativas para el país.


También han sido formadas jugadoras que en la actualidad triunfan fuera de tierras nacionales como sucede con Nathaly Pahola Pérez Jiménez, quien por varios años fue formada por Catarine.


La joven, forma parte del equipo de la Universidad de Tampa, Florida, y aseguró que al ser considerada como una de las mejores jugadoras de Honduras es también reconocer el trabajo de su coach “Cathy” como le llama de cariño a la entrenadora hondureña.


“Yo soy el producto de ella. Aparte de mí, pienso que las mejores jugadoras de Honduras (de nuestra época) han sido producto de ella también. Un buen entrenador no solo debe saber dirigir un equipo, debe saber forjar jugadoras desde cero, y en eso ella es la mejor”, expresó.


En su niñez aprendió a trabajar en equipo


En la comunidad garífuna la aldea Punta Gorda, del municipio de José Santos Guardiola, en Roatán, Islas de la Bahía, fue el lugar donde nació Catarine, pero la ciudad donde creció y vive es Tegucigalpa.


Es la hija mayor del hogar conformado por Georgina Andrea Arriola y Vidal Leiva, que ya goza de la presencia de Dios.


Son en total cinco hijos biológicos de la pareja Arriola Leiva, es decir que la connotada deportista tiene cuatro hermanos con quienes compartía las responsabilidades que les asignaban sus padres.

A la lista de los miembros del hogar se sumaron tres hermano del corazón, hijos adoptivos de sus papás con quienes aprendió también a permanecer en armonía, “por esta bonita experiencia en casa, es que estoy acostumbrada a trabajar en equipo desde niña porque nos repartíamos los quehaceres”.


En esos años de infancia además su madre les inculcó la disciplina y su amor al arte y al deporte, al grado que Catarine también practicó ballet.


Y hasta los 14 años se esforzó en las prácticas y competencias de atletismo al grado que en una ocasión se le propuso nacionalizarla como Alemana para que pudiera competir a nivel internacional “pero mi mamá se negó”.


Pese a los múltiples logros alcanzados la entrenadora considera que aún le quedan sueños por cumplir “eso me mantiene motivada para seguir dando lo mejor de mí”. Del reto por alcanzar destacó seguir siendo efectiva en lo que hace y “tener el privilegio de impactar vidas por medio de este bello deporte”.


Expresiones


“Mi mejor día es cuando estoy en una cancha compartiendo con mis jugadoras”.


“Me peor día fue cuando me enteré que estaríamos fuera de las cancha por la pandemia de la Covid-19”.

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