Cándida Lagos: diseñadora de identidad cultural que con sus propuestas de moda indígena alcanza los primeros lugares en los desfiles conmemorativos del Día del Indio Lempira
- hondurastrascenden8
- 16 jul
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Cada 20 de julio centenares de estudiantes del país lucen los trajes típicos que confecciona la artesana capitalina. Son más de 500 atuendos los que vende para esta temporada.
Sus trajes típicos tienen demanda hasta en los países vecinos de Guatemala, Nicaragua y El Salvador.

Tegucigalpa. Sus creaciones fusionan identidad cultural nacional, además de los toques de estética contemporánea que les agrega, elevando de esta manera su valor como propuestas únicas de diseño.
Bocetos que primero surgen en su mente y que Cándida Azucena Lagos Ordóñez logra plasmar de manera única en las piezas de Yute, posicionándola entre las mejores del país en el diseño de moda de estilo indígena.
La fecha en la que más resaltan sus creaciones es el 20 de julio de cada año, en el marco de la conmemoración del Día del Indio Lempira, fecha en que centenares de estudiantes lucen sus esplendidos atuendos, logrando la mayoría quedar entre los primeros lugares de los desfiles escolares.
Tiempo de mayor demanda

Los meses en donde Cándida y su equipo, incluida su familia, tienen mayor trabajo son los cercanos a la festividad del Cacique Lempira, por ello labora en horarios extendidos de lunes a domingo.
Para esta fecha preparan unos 100 trajes de sus propias creaciones para niñas e igual número para varones. En total para la temporada vende unos 500 atuendos.
Las prendas son ofrecidos al por mayor y al detalle, los clientes llegan desde municipios como; Talanga, El Porvenir, Cedros, Orica, Comayagua, El Paraíso y de comunidades de Olancho.
También recibe pedidos de clientes de países vecinos como; Guatemala, El Salvador y Nicaragua.
El traje elaborado con tela de bramante, es decir de la tela de los sacos, se ofrece en 350 lempiras, pero hay otros que el costo por ejemplo los atuendos personalizados para competencias van desde los 2,000 a 4,000 lempiras, y en el caso de diseños para lucir sin un fin especifico tienen un costo de entre 1,500 a 2,000 lempiras.
“Nosotros trabajamos todo el año, poco a poco vamos surtiéndonos de accesorios, piezas de barro, semillas, Lágrimas de San Pedro, Cachitos, y de Gualiqueme, así como de flores artificiales”, comentó.
Recuerdos

De acuerdo con la destacada artesana al inicio ella decoraba el traje de manta tradicional, al que le agregaban flores de tuza, semillas de maíz, frijoles, girasol, café y Lágrimas de San Pedro.
También innovaron en otra temporada con los trajes pintados con detalles autóctonos que sin duda captaban la atención de los clientes.
Así mismo con los trajes bordados que adquiere ya armados solo para la venta.
Luego buscando retomar aún más las tradiciones y ofrecer sus propias creaciones decide utilizar como materia prima los sacos donde traen la canela a los mercados, en aquel momento cada pieza le costaba 50 lempiras.
De este material reciclado sacaba los moldes de los trajes para luego decorar haciendo uso de materiales orgánicos como las semillas.
“Estos trajes en un principio eran costurados a mano, y los forrábamos por dentro para que no le rosara la piel a los niños y jóvenes”, reveló.
Estas prendas le llevaban mayor tiempo, pero transcurrieron unos tres años para que adquiriera una máquina de coser. Años después llega la tela de Yute con la que en la actualidad arma sus creativas piezas artesanales.
Asiduos clientes

Confió que gracias a sus propuestas de diseño tradicional varias generaciones de hermanos han alcanzado ser electos como los mejores vestidos en las pasarelas estudiantiles.
“En este momento tengo un encargo para un niño de sexto grado, y todos los años ha ganado por su vestuario, y así sucedía con su hermana mayor”, reveló.
Adelantó que este traje especial llevará una capa de petate y también le confeccionará un taparrabo.
También menciono que en la ciudad tiene clientes de centros educativos como de la Escuela Emiliani, Instituyo Hibueras, e Instituto Jesús Aguilar Paz.
“El año pasado ganó el primer lugar una de las estudiantes que nos pidió hacerle su vestuario”, agregó.
Principal rubro en su local

Su local de ventas y producción se encuentra al costado norte del Instituto Hibueras, segunda calle, Novedades Melissa, frente a Mueblería Ramírez.
En sus inicios, en su puesto comercializaba productos de Panamá y México, entre ropa y porcelana, pero durante el huracán Mitch perdió todo. Al retomar nuevamente operaciones decidió cambiar de rubro con la venta de artesanías de barro, madera y cuero, pero el mayor producto en su local son los trajes típicos.
“En julio, es cuando nos llenamos de pedidos, las ventas mayores son tres días antes del 20 de julio”, explicó.
Sustento como jefe de familia

Según la destacada diseñadora, ella se encarga de cortar los atuendos, y una de sus colaboradoras los arma, después sigue el proceso de decoración que en tiempos de fuerte demanda se integran otros familiares.
El mundo de la confección, aunque no estuvo presente en su vida desde pequeña, si había logrado formarse en el área de costura, formación que en la última década le ha permitido llevar el sustento diario a casa.
Y es que ella, siendo madre soltera saco adelante a sus tres hijos; Gerardo, Javier y Giovanna, dos varones y una niña, todos en la actualidad profesionales universitarios.
“Tengo también cinco nietos, que son mi orgullo y felicidad”, expresó.
Ejemplos que le dieron sus padres

El 28 de julio de 1960 es la fecha de su nacimiento, la segunda de cuatro hermanos, hijos de Julián Lagos y Cristina Ordóñez.
“Mi mamá nos crio también sola, lavando y planchando ajeno, mi papá murió y yo quedé de seis años. Mi hermano quedó de 5 años, mi hermana de tres años, y mi hermano el mayor”, confió.
El barrio Bella Vista de Comayagüela ha sido su zona de residencia desde que nació, comunidad que era de calles de tierra y desde donde se trasladaba a sus centros de estudio.
Logró completar dos carreras; secretaria comercial y perito mercantil y contador público, pero al llegar sus hijos antes de decidir ejercer sus profesiones o continuar estudios, se entregó a la crianza de sus hijos.
“El orgullo mío, es que mis hijos ya están preparados”, dijo.
Sin duda alguna Cándida transforma la historia en colecciones de moda con identidad nacional, contribuyendo de esta manera en la preservación de las tradiciones hondureñas e inculcando a los niños y jóvenes el valor de la cultura.

Una labor que merece ser reconocida por lo valioso de nuestros artesanos.