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  • Foto del escritorHonduras Trascendental

Noelmy Arzú Cacho: líder garífuna y agente de cambio en la salud y la agricultura rural

En tierras que heredó de sus padres ha cultivado arroz, en una extensión de unas 30 manzanas. Su actual labor es como médico asistencial en el Centro de Salud La Pizatty, en La Ceiba.


Por su proyección comunitaria durante el gobierno anterior se desempeñó como representante del Poder Ejecutivo en el departamento de Atlántida luego de que fuese nombrada como gobernadora.

Tegucigalpa. En una comunidad de calles de arena, en donde el majestuoso despunte del sol se recibe entre palmeras de coco y la playa, fue donde nació Noelmy Balbina Arzú Cacho, una mujer garífuna, líder, dinámica, cercana y eficiente.


Una hondureña que antes de aprender a utilizar el estetoscopio recibió de pequeña las instrucciones elementales de la pesca en cayuco, o del tiempo de secado del coco para luego ser procesado en fábricas de aceite, y la siembra de maíz en las tierras de Santa Rosa de Aguán, un poblado ubicado en la llanura costera del Caribe hondureño.


Pero, que con el tiempo logró alcanzar el título de doctora, y le sumó después otros conocimientos en el área médica como; una maestría en salud pública, especialista en epidemiologia y diplomados en administración de hospitales.


Además de haber destacado en el cargo de gobernadora del departamento de Atlántida, y como sucede en la actualidad siendo reconocida como la doctora que a diario atiende a decenas de pacientes que acuden al Centro de Salud La Pizatty, en la ciudad de La Ceiba.


Salvar vidas

Su primer trabajo estuvo ligado a la alfabetización de adultos en la colonia Las Torres y las aldeas cercanas a residencial Los Robles, en la capital, por esta labor recibía como pago alimento por trabajo, “nos daban unos sacos de arroz y frijoles”.

Luego logró una oportunidad de trabajo como doctora en La Mosquitia, en el departamento de Gracias a Dios donde permaneció tres años consecutivos, luego interrumpió su servicio para estudiar la carrera de epidemióloga hospitalaria, en Caracas, Venezuela, y al regresar al país volvió a nuevamente a La Mosquitia para establecerse en el lugar por cuatro años más.


“Yo recorrí toda La Mosquitia por aire, tierra, y agua, en tiempos de la epidemia de Cólera tuve actividades entre fronteras con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud, para mí fue bastante fuerte al inicio, pero valió la pena porque salvamos vidas y cambiamos vidas”, aseguró.


En esta zona del país le tocó enfrentar y atender las necesidades que dejó a su paso el huracán Mitch “solo recordar es difícil por lo cansado que fue, pero Dios me dio fuerza y sabiduría, porque también mi pueblo natal fue devastado y amigos y vecinos fallecieron, y yo no podía salir de La Mosquitia. Con el equipo de la Unión Europea y la Brigada Médica Cubana trabajábamos de día y de noche para enviar información dentro y fuera del país buscando ayuda”.


Por su compromiso laboral y con el país tuvo que esperar un mes para lograr viajar a su comunidad para reunirse con la familia, encontrándose con un panorama desolador “mi familia estaba destrozada por tanta pérdida humana y material. No puedo describir lo que sentí al ver todo un pueblo destruido, pero lo bueno era que había una hermandad inmensa”.


En su comunidad natal aún existe una inmensa necesidad por atender, pues las familias demandan de temas como el acceso al agua potable, la salud, reducción de la violencia, y un mayor acceso a la educación.


Años después asumió el cargo de jefa regional departamental de Salud de Atlántida, el cual ejerció durante seis años, años después fue nombrada como Gobernadora y en la actualidad presta servicio como médico del sistema público nacional.


“Yo no planifique ser Gobernadora, llego así de repente y no lo quería tomar, pero ahora me doy cuenta de que valió la pena porque aprendí y serví”, confió.


Productora de arroz

“Yo nací y crecí en una comunidad a la orilla de playa”, dijo para luego agregar que le encanta estar en la playa y escuchar las olas del mar.

Así mismo, de niña disfrutaba de las jornadas de pesca y de captura de jaibas y del trabajo en la finca familiar hasta donde llegaba montada a caballo “los hombres hacían los agujeros para sembrar maíz, y yo iba colocando tres granos de maíz en cada agujero, esa era mi asignación”.


Ahora en su vida de adulta en ocasiones se dedica al cultivo de arroz en las tierras heredadas por sus papás “lo más que he sembrado han sido 30 manzanas, porque me encanta la agricultura”.


“Yo me defino como una mujer sencilla, carismática, sincera, me gusta participar en labores sociales, me encanta la vida del campo, aunque disfruto también de la ciudad, pero prefiero la vida de los pueblos pequeños porque hay más calor humano”, expresó Arzú.


Feliz en medio de limitaciones

Creció en un ambiente de armonía, pues residía junto a sus seis hermanos y sus padres en un pueblo rural pacífico, con una deliciosa gastronomía basada en los mariscos y arraigados valores como la responsabilidad, la honradez, la hermandad, la ayuda mutua y la hospitalidad.


Enseñanzas que han sido de vital importancia para que Noelmy busque siempre aplicarlas en todos los ámbitos de su vida y califique su niñez como una de las etapas más felices de su vida, pese a que también vivió limitaciones hasta en su vestuario.


Y es que confió que por lo general solo estrenaba cuando se podía durante la Navidad “como yo era la menor de mis hermanas, pues a mí me heredaban los vestidos y zapatos de las mayores, mis padres siempre priorizaban comprar uniformes que se usaban durante las fiestas patrias, ya que por lo general a la escuela íbamos con ropa de color”.


En resumen, dijo que estrenaba en el mes de septiembre el uniforme escolar y en Navidad, pero, no en todas las navidades, sino cuando se podía, mi madre me mandaba hacer vestidos de la misma tela del vestido de ella y así íbamos juntas a la iglesia Católica”.


Alumna destacada

En sus años de infancia aseguró que le llamaban la atención los negocios, la agricultura y la ganadería, pero luego de conocer a un amigo de sus hermanas que era médico se enamoró de esta profesión.


También contó como una de sus anécdotas infantiles “no es para sentirme una creída, pero era muy buena alumna y estando en primer grado mi maestra me llevó por petición de otra docente al aula de tercer grado, para que yo les resolviera un ejercicio en la pizarra, y logré resolver la tarea, y eso me ayudó para saber que era inteligente”.


Las notas de excelencia académica bajaron a un 80 por ciento durante la secundaria, pero volvieron a resaltar durante cursaba la maestría, graduándose con el reconocimiento de Magna Cum Laude.


Otra de sus vivencias que no olvida de su niñez es que no era buena para el canto y cada vez que le pedían entonar una melodía “yo cantaba la misma canción ja,ja,ja”. La canción a la que se refiere era del artista Roberto Carlos denominada “Un Millón de Amigos”.


Educación en Tegucigalpa

Luego de cursar el primer semestre, del segundo curso de ciclo común en el Instituto Manuel Bonilla se trasladó al Instituto Central Vicente Cáceres de Tegucigalpa, en donde se graduó de Bachiller en Ciencias y Letras.

“Allí empieza lo bueno”, expresó Noelmy, pues le tocó adaptarse a una ciudad más grande y alejarse aún más de sus papás, además de comenzar a cuidarse por si sola y seguir los consejos de su hermana mayor Pola quien trabajaba en la Secretaría de Educación, debido a que su papá se encontraba enfermo y su mamá era la que le brindaba los cuidados.


“Carolina Montserrat mi otra hermana también se trasladó junto conmigo a la capital, ella me llevaba un año de estudios, y el salario que percibía mi hermana Pola era tan poquito que solo nos ajustaba para el alquiler de un apartamento en la colonia El Reparto, en la parte de en medio de la comunidad, no era ni Reparto por Abajo ni Reparto por Arriba ja, ja, ja”, reveló.


Para cocinar adquirieron una estufa de gas de una hornilla y ni pensar en una refrigeradora situación por la cual compraban la comida del día a día para evitar que se les echara a perder.


“Yo todas las mañanas bajaba a comprar la carne, cocinaba y le llevaba el almuerzo a mi hermana a su oficina que estaba arriba de la iglesia Los Dolores, era un módulo de adultos de la Secretaría de Educación, y luego me traslada al instituto Central”, explicó.


Esta misma faena era de lunes a viernes hasta que me gradué, para ese entonces decidimos trasladarnos a la colonia Víctor F. Ardón donde logramos alquilar una casa, luego una de mis hermanas que había migrado a los Estados Unidos unió esfuerzos económicos con mi madre para comprar una casa en Roble Alto (Los Robles).


Desde este lugar viajaba cada día como estudiante de la carrera de medicina hacia la UNAH, luego al Hospital Escuela y Hospital San Felipe.


Tiempos en la UNAH

“Siendo estudiante universitaria fue cuando mejoré de mi timidez, mi hice más sociable. Empecé a participar en organizaciones Afro, fui tesorera, y tuve novio ja, ja, ja”, reveló Arzú.


Luego de cursar las clases de la carrera de medicina se convirtió en la primera joven de Santa Rosa de Aguan, Colón en obtener el título de médico general, “y la primera de la familia, pero ahora ya hay más, sobrinas, y primos”.


Amor familiar

El 02 de mayo de 1967, el municipio de Santa Rosa de Aguan, departamento de Colón, recibió un nuevo habitante, se trató de Noelmy, una niña, herencia de la familia Arzú Cacho, quien décadas después les representaría hasta en cargos públicos estatales.


“Mis padres Carolina Cacho Norales y Sebastián Arzú Meléndez son mis primeros amores, mi ejemplo, mi Padre físicamente compartimos muy poco por asuntos de su trabajo, pero mi madre hizo todo lo posible para que él estuviera presente en nuestras vidas y lo respetaba, lo amaba, aunque no estuviera físicamente porque sabía que él estaba fuera para que nosotras estuviéramos bien”, dijo.

En total tiene seis hermanas y un hermano, “yo soy la hija número siete, ja,ja,ja, ja tenía que venir yo para completar al mejor equipo de mujeres fuertes de mi familia, unas guerreras cuya principal arma es el amor hacia sus hijos”.


De ese amor inmenso que afirmó que expresan las mujeres de su familia es lo que ha experimentado en carne propia a través de sus tres hijos; Emilio Sebastián, Nandy Anany y Koffy Yuam Kirinton Arzú.


“Mi familia es lo mejor que tengo, mis hijos son amorosos, nobles, perseverantes y con mucha confianza en Dios, sueño verlos realizados. Son mi fortaleza”.


Pero su mayor fortaleza reveló que representa su relación con Dios, quien se manifiesta en cada momento de su vida, pues en sus momentos difíciles es quien la ayuda a seguir adelante y también por su gracia ha vivido cosas hermosas a lo largo de su vida.


Por su empeño por la vida, superación, entrega para con los demás, don de servicio y ejemplo en su comunidad se suma a los hondureños que se han ganado un espacio importante en Honduras Trascendental.



En corto


¿Cuáles son sus pasatiempos?

Me gusta escuchar música, ver televisión y bailar en casa, es decir en el ámbito familiar.


¿Qué países del mundo le gustaría conocer?

Tengo una larga lista, empezando por África, Israel, Dubái, entre otros


¿Qué libro es su preferido?

Los de medicina y algunos sobre líderes mundiales como “Una Promesa de Cambio”, de Barack Obama y hace poco me regalaron “Becoming” de Michelle Obama


¿Cuál es su comida preferida?

Las baleadas, el arroz, no puedo estar una semana sin comer arroz, también me gusta el pescado.



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