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Luis Fernando Lezama: joven literario nacional que recorre el mundo a través de sus cuentos y poemas

En 2016 recibió el premio y la medalla Gabriel García Márquez, y en 2020 recibió el Premio Centroamericano de Cuento Carátula, que otorga la Revista Carátula y el Festival Centroamérica Cuenta, siendo el primer y único hondureño en recibir este premio.


El joven ha escrito más de 50 poemas. Por cuenta propia ha leído unos 400 libros de diversos autores en su mayoría latinoamericanos. Algunos de estos ejemplares los ha releído hasta en tres ocasiones.



Tegucigalpa. De niño imaginó que llegaría a ser sacerdote porque le fascinaba leer las parábolas de la biblia en voz alta, pero también pensó en ser cantante de salsa, de la talla de Héctor Lavoe o Rubén Blades, sin embargo, las letras conquistarían su atención antes de que el mismo se diera cuenta.


Ahora busca una carrera como periodista, emulando los pasos de su abuelo que ya goza de la presencia de Dios, el exdirector de Radio Satélite y locutor hondureño Marco Tulio Lezama.


Fue en su etapa de adolescente, en su centro de estudios, donde encontró el camino de la literatura como una carrera, pues su encuentro con los libros, y la lectura comenzó en casa siendo su padre su principal motivador ofreciéndole cien lempiras a cambio de leer un libro.


A la fecha, son más de 400 libros que ha logrado leer por cuenta propia y que en algunas ocasiones se ha detenido a releer hasta en tres ocasiones dice, porque considera que es mejor “digerirlos” que “devorarlos”.


En la actualidad se prepara para sacar al público su segunda obra, un libro de cuentos ambientado en un barrio capitalino.


Además, es el autor de más de 50 poemas y ha sido hasta el momento el único escritor hondureño en recibir el Premio Centroamericano de Cuento Carátula, que otorga la Revista Carátula y el Festival Centroamérica Cuenta.


También recibió el premio y la medalla Gabriel García Márquez, al participar en 2016 en el Concurso Internacional de Cuento Ciudad de Pupiales, que organiza la Fundación Gabriel García Márquez y el Gobierno de Colombia.


Luis Fernando Lezama Bárcenas es el destacado literato que ha alcanzado que sus poemas hayan sido publicados en Argentina, Nicaragua, Guatemala, Italia, Francia, España, Colombia y Uruguay.


El joven de 27 años que cursa la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires, Argentina.


Escritor a los 16 años


Sus primeros escritos fueron dedicados al ambiente musical, “porque mi verdadero sueño era ser cantante de salsa. Esas canciones fueron como ejercicios literarios que me ayudaron a ir agarrando la respiración, la música y la cadencia que tiene que tener cualquier texto”.


Pero fue a los 16 años, cuando cursaba su último año de colegio cuando a través de un proyecto escolar que pudo identificar su verdadera pasión. En ese momento escribió un poema que le gustó a su maestro y este le preguntó si tenía más escritos como el que acababa de leer.


“No tenía más que aquellas canciones, que no eran ni veinte. Pero, como un buen escritor, le mentí y dije que sí. Entonces me fui a la casa a escribir como loco todo lo que pudiera y rescaté aquellas viejas canciones que transmuté en poemas. A las dos semanas le llevé un folder lleno de papeles”, contó Luis Fernando, a manera de anécdota de sus inicios como escritor.


Después de ese momento aseguró que llegaron varios meses de desvelo, corrigiendo, y recibiendo una suerte de taller literario con su amado profesor de literatura. “Publicar un libro no se compara en nada con escribirlo”.


Sin embargo, han valido la pena cada uno de esos momentos, pues en la actualidad ha logrado escribir tres libros. “El mar no deja olvidar, mi libro de poemas; otro libro de poemas que nunca pienso publicar; y un libro de cuentos que espero publicar este año”.


De acuerdo con el destacado literato nacional para lograr sus obras ha contado con una mezcla de suerte, tenacidad y más suerte. “Me encontré muy joven con gente que creyó en mí. En Honduras, mi familia, Julio Anariba y mi colegio. En Argentina, Marcelo di Marco, un gran escritor de terror, y, finalmente, Liliana Heker”.


También confió que ha recibido el apoyo de escritores como; Sergio Ramírez, Balam Rodrigo, Eudris Planche, Natalia Rozenblum, Ariel Urquiza, “en fin, gente que ha creído en mis cuentos”.



Premio Centroamericano


Recibir el Premio Centroamericano de Cuento Carátula, que otorga la Revista Carátula y el Festival Centroamérica Cuenta por el cuento «Ni hermosos ni buenos», ha representado para él algo irreal.


“Siempre aspiré a ganarlo, creo que todo escritor joven de Centroamérica aspira a ganarlo. Hay escritores que lo ganaron y hoy son protagonistas de la literatura mundial, como José Adiak Montoya (nombrado uno de los 25 mejores jóvenes escritores del mundo)”, dijo.


Es por ello, que para Luis Fernando haber alcanzado este reconocimiento representa “un aliciente, ver que el premio, por el trabajo de sus ganadores, va ganando prestigio. Yo espero seguir contribuyendo a ello”.


Pero más que alcanzar premios, para él es más importante recibir el reconocimiento de los lectores. “Por eso me emociona cuando la gente me dice que lee mis cosas, que se conmueven o se sorprenden, que ponen a otros a leerme porque quieren ver sus reacciones con mis cuentos. Eso es muy lindo”.


Cuento internacional

Uno de sus cuentos más reproducidos y publicados ha sido “Bañar al bebé”, un escrito que según Luis Fernando comenzó a escribir en una esquina de Buenos Aires, Argentina.


“Un día, cruzando la calle, vi venir a una mujer con un cochecito de bebé vacío, y me pregunté si esa mujer sabía que ese coche iba vacío o si tal vez imaginaba que llevaba una criatura. Los cuentos nacen de ese tipo de cosas, que son como preguntas abiertas, como resquicios”, expresó.


Pero de su propia invención han sido más de cincuenta cuentos los que ha logrado plasmar, “no todos me encantan, ni creo que sean todos publicables, por lo menos para el estándar que me exijo a mí mismo. Pero la mitad son cuentos disfrutables y unos quince tienen oficio”.


Una de sus últimas creaciones es «Carlos New York», una obra en donde cuenta la triste y célebre historia de un migrante hondureño que va a Estados Unidos, a Nueva York, y regresa para ser la gloria del barrio, donde adquiere el apellido o topónimo de New York.


Infancia en la 21 de Octubre


Luis Fernando Lezama Ramírez y Yosmira Bárcenas Medina son los dos seres que le dieron la vida y quienes le recibieron como su primogénito el 01 de noviembre de 1995 al nacer bajo la asistencia del personal del Hospital Militar.


Desde ese momento se sumó a una nutrida familia parental, pues creció rodeado de más de dos decenas de primos y primas, pero bajo el cuidado basado en amor y rigor de su abuela materna, doña Emma Medina.


Por ello, no olvida los momentos vividos en el corredor de la casa de la matriarca, en la colonia 21 de Octubre. Y es que en este lugar “aprendí lo más importante que aprende uno: a jugar, también la veía a ella, a mi abuela, regar sus plantas a un costado del corredor y deshojándome las historias de esas personas que pasaban y que ella, de alguna manera, conocía muy bien”.


A doña Enma la describió como una abuela de una tierna severidad; sagaz, elocuente en sus palabras y en sus silencios, mientras que a sus papás como personas serviciales, que se esforzaron por darles a él y su hermana María Lezama la mejor educación.


También se esforzaron por crear lazos fuertes de unidad y compañía por ello junto a su mamá visitaba de vez en cuando el centro capitalino y junto a su padre recorrió varias zonas del país al acompañarle en sus viajes de trabajo.


En el caso de describir a los seres que le permitieron llegar al mundo terrenal “diría que son la clase de persona que me gustaría volver a conocer en la vida”.


Inquieto y con notas de 90 por ciento



Dos centros educativos de la ciudad le brindaron los conocimientos de primaria y secundaria. En la Dowal School, en una primera matrícula cursó el kínder y primer grado, luego volvió desde el décimo grado hasta graduarse del bachillerato.


Del segundo grado hasta la secundaria recibió su formación académica en La Estancia School. “Una escuela donde tuve muchísimos amigos y casi igual cantidad de problemas por mi rebeldía. Pero creo que me dio una buena base académica. Era –y todavía es– una escuela muy exigente”.


“En la Dowal fue donde encontré el camino para ser escritor a través del profesor Julio César Anariba y el consecuente apoyo de Irma Cristina Domínguez, la superintendente de Dowal”.


En sus años de primaria nunca alcanzó a ubicarse entre los alumnos de excelencia académica “creo que más allá de español y literatura en mi último año, nunca saqué más de 90 en una clase. Tampoco era una ambición que tuviera, ni que me exigieran; a mi papá le preocupaba mucho más verme leyendo por placer que ver si sabía algo de memoria”.


Apasionado por la vida


Describirse a sí mismo le llevó a pensar en la palabra describir, y explicó que se refiere a esto porque su etimología implica cierta imprecisión, significa algo parecido a dibujar o a definir algo por palabras, es decir, por lo que no es, pero que lo representa.


“Yo diría que me describen mis personajes, no soy exactamente ninguno de ellos, pero de alguna manera soy todos ellos. Los malos y los buenos. Y hasta los perros.

Después me gusta una descripción que dio de mí una amiga argentina de mi hermana, dijo que yo era «un apasionado por la vida». Me dejó pensando”.


En esos momentos de pensamiento, en especial aquellos de momentos felices llegan a su mente recuerdos junto a su padre como el de una noche en el automóvil recorriendo las calles de Tegucigalpa y también el día en que su maestro Julio Anariba leyó su primer cuento.


En su memoria de felicidad también está presente el día en que hizo llorar a su abuela con un poema; y la tarde en que conoció al escritor, poeta, cuentista y ensayista argentino Marcelo di Marco; así como el primer día de taller con la cuentista, novelista y ensayista argentina Liliana Heker.


De los momentos tristes y difíciles, de igual manera, no ha podido escapar como sucedió con la muerte de su papá, y de su mentor Julio Anariba.



¿A quién admira?


Su mamá es el ser humano que más admira de su familia por considerarla imbatible.


Según Luis Fernando la mujer que le cargó en el vientre durante nueve meses “tiene algo de los elementos de la naturaleza, como una oliva, que cuando le aprietan da lo mejor de sí: da su aceite, ella es la que encuentra solución a los problemas casi de manera mágica”.

Y para su mamá él es su poema de amor, un joven que desde temprana edad ha tenido claro lo que realmente es importante en la vida.


“Un gran hombre, valiente y con dignidad como su padre, un maravilloso hijo”, aseguró Yosmira.


También ha admirado al cantautor hondureño que en paz descanse, Guillermo Anderson, “creo que fue el último hondureño que hizo este país (Honduras) más ancho en cuanto a lo que significa”.


Viajes



En la actualidad Luis Fernando reside en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, estancia que tiene como finalidad culminar la carrera de Ciencias de la Comunicación, y recibir el título en la Universidad de Buenos Aires –considerada como la mejor en Iberoamérica y la número 67 del mundo.


Además, ha recorrido otros países como Panamá, El Salvador, Argentina y en Brasil “conocí Río de Janeiro, San Pablo, Belo Horizonte”, Estados Unidos, Cuba –donde estuve como invitado para la feria del libro–; México, donde hice una residencia como escritor invitado por la Universidad Autónoma de Nuevo León; y Bogotá, Colombia.


De su tierra natal conoce la zona atlántica, Lempira, Intibucá, Copán, Choluteca, y La Paz. “He viajado por casi todos sus departamentos, excepto los de Gracias a Dios y Olancho”.


Escritores favoritos


Aunque ha leído centenares de libros asegura que prefiere digerirlo muy bien antes de empezar uno nuevo, y además aseguró que suele empezar muchos libros que no termina porque le aburren.


“Pero la cantidad, como digo, es algo secundario –aunque es importante–. Un escritor, creo, debe leer bien antes que mucho. Si puede además leer mucho, qué mejor. La gente le tiene miedo a la lectura porque se suele hablar de «libros que hay que leer» o de «cantidad de libros que deberías estar leyendo». No hay tales libros ni tales cantidades”, manifestó.


Según él cada persona debe –gozosamente– ir descubriendo los libros que se llevan bien con su corazón y la cantidad de libros que le son saludables.


En el caso de los escritores favoritos para Luis Fernando destacan las y los latinoamericanos: Burgos Cantor, Bolaño, García Márquez, Clarice Lispector, Leonardo Padura y Julio Ramón.


Además, Ribeyro, Fernanda Melchor, Samanta Schweblin, Rodolfo Walsh, Abelardo Castillo, Liliana Heker, Jorge Ibergüengoitia, Sergio Ramírez, Horacio Castellanos Moya, y Liliana Colanzi.


“Pero tal vez quien más me haya impresionado, cuando comencé a leer, fue Óscar Wilde, que es irlandés”.


Obra que inicia la concluye


Cada escrito literario que comienza siempre logra completarlo, aunque no signifique que será publicado, debido a que para Luis Fernando disfruta del proceso de escribirlo asi como de su edición, que para él es la verdadera escritura.


“No he publicado más porque considero que ser escritor tiene poco o realmente nada que ver con estar publicado. Publicar, como decía Abelardo Castillo, debería ser una necesidad espiritual y no pura vanidad”, expresó.


Para las nuevas generaciones de escritores hondureños el mensaje que envió es que lo más difícil es atreverse a escribir, a corregir y a persistir en ello hasta que un día, casi imperceptiblemente, eso que hacemos signifique algo también para otros, que sea Literatura.


“Pero hay que atreverse. Jesús dijo: «Si sacas lo que hay dentro de ti, lo que saques te salvará. Si no sacas lo que hay dentro de ti, lo que no saques te destruirá». Yo escribo para eso, para salvarme”, concluyó.



Cita


No soy amigo de la espontaneidad ni de los cuentos inspirados, en eso soy irreductible”.



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